LA CORTINA DE HUMO

Por: Beatriz Bencomo Tres mujeres tomaban café en un local de la ciudad mientras miraban la pantalla. El gobierno había […]

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Por: Beatriz Bencomo

Tres mujeres tomaban café en un local de la ciudad mientras miraban la pantalla. El gobierno había anunciado un toque de queda. Una de ellas lo dijo sin rodeos: si van a atrapar criminales, ¿para qué anunciarlo con altoparlante? Nadie respondió. Tampoco nadie lo descartó.

Eso es nuevo. No la desconfianza, que tiene historia larga, sino la velocidad con que hemos aprendido a leer ciertos gestos antes de que terminen. Y es que vivimos rodeados de una bruma que no es exactamente mentira. Es algo más sofisticado: el exceso de inconsistencias, la incoherencia, la contradicción, la ambigüedad. No se nos oculta la realidad. Se nos llena de realidades hasta que ninguna pesa lo suficiente.

Hace unos días, en las páginas de Opinión de Diario Libre en República Dominicana, la columna de Rafael Núñez le puso cotas claras a la escena. Guerras cognitivas, los invito a leerla. Gobernar es también gobernar la atención. Quien administra el relato administra el tiempo de los demás, decía. Solo que debajo de esa administración hay capas que son auténticas y otras que cubren intereses mercuriales.

Buscamos entonces orientación. Analistas, columnistas, redes, voces que parezcan estar fuera del ruido. Pero nadie está fuera. Todos iluminamos fragmentos. La verdad de hoy es un mosaico que nadie tiene completo, y la búsqueda misma, legítima y necesaria, también nos mantiene en movimiento perpetuo, saltando de una pieza a otra sin poder ver el conjunto.

Vale preguntarse a cada rato: ¿a qué le estamos dando nuestra atención y energía mientras creemos que estamos buscando la verdad? La verdad diminuta, y más incómoda, no es que nos engañen. Es que colaboramos. Porque no paramos de hablar de lo que está en boga, sin conciencia de que el tiempo que habitamos es un sistema de agitación y propaganda de sí mismo. Consume todas nuestras energías. Y sin embargo, la vida avanza. No porque el panorama se haya aclarado sino porque esperar claridad se ha vuelto un lujo que nadie puede permitirse.

Tres mujeres y un café. Una pregunta que nadie pudo responder. Eso también es nuestro tiempo. No es que no sepamos. Es que estamos aprendiendo cómo crear y crearnos sin poder saber del todo.

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