Semilla

Cuando el colectivo arranca, se produce un movimiento de atrás hacia adelante. Lo llaman inercia y es la fuerza que se niega al cambio de estado. Eso, eso pasa.

Ciertos estandartes sociales, ideologías, valores, e incluso las creencias actuales sostienen una familia, en proporción reducida un espejo de la sociedad en la que vivimos. Éstos, van marcando los modos de relacionarse, de construir pactos, los visibles y de los que “no se habla”.

Los grandes pensadores trabajan en categorizar inclusión y exclusión, dan por sentado lo aceptado como lo normal, lo conocido como “todo lo que esta bien”, y lo que queda por fuera… lo anormal.

Una generación entera, ochentosos nacidos entre democracia y Thundercats, buscan la forma de encontrar energía vital y felicidad  ante la necesidad de ser reconocidos, en pro de no ser rechazados, combaten (cada vez menos) por mandatos sociales sin ser pensados desde la singularidad, confundiendo la demanda social donde sus protagonista aún adolecen entre “el deber ser” y el deseo del “querer ser”.

¿Cuándo los incuestionables dejarán de ser naturalizados y comenzarán a ser criticados?

La solución está en “adentro”; es decir, quién debe asumir la responsabilidad es el mismo que lee esto. Abolir el autoengaño, o la confusión de no plantearse siquiera un deseo, mirando pa´dentro y no depositando todo a la mirada de un gran bloque ajeno que no te conoce.

Los criados bajo el mismo techo responden de manera distinta, son los protagonistas de dos formas de actuar unos vuelcan explicaciones, otros se plantan. Prácticas que serán dejarán en evidencia “la ovejas negras”. Cambiar las tradiciones, o responder a la vida de manera automática, como si todos fuéramos resultado de la misma neurosis, como si los orgasmos que nos trajeron (en el mejor de los casos que hayan sido orgasmos) se hubiesen gritado iguales. Más de lo mismo, más mentiras que aceptamos sin cuestionar.

Somos una rama, de otra rama, de una rama más gruesa, un árbol que da frutos cada nueva generación. Llena de “Manzanas que pudren el árbol”, es difícil encontrar respuestas cuando no se pierde gran parte de la vida encontrando la esencia. Algo de nuestra esencia, esa que hacen que las generaciones cambien, ¿el por qué repetirse? ¿Cuántas ovejas negras hubo arriba del árbol?

Discutís la mirada (espejada) de la crianza de un niño por dos papás, discutís el pecado, lo normal y natural, pero no cuestionás ¿Cuánto amor va a recibir? Después de todo ¿No es lo único que le hace falta? Te preguntaste si cuando mencionas el “darle todo” a un hijo pensás como primer opción ¿darle amor?

Es hora de alternativas, y para eso hay que definir el problema. Hay que preguntarse qué será de la vida del pibe que viene al mundo porque mamá quiso retener a papá con un embarazo. Hay que preguntarse si queremos que el rol social siga discutiendo el poder de acuerdo al género. 

Nos importan más los diez mandamientos de Moisés que su historia, un huérfano en una canasta. Creeme que su madre hubiera querido dos mamás  aunque sea, antes que la muerte en una canasta.

Puede que eso  que damos por cierto y nunca cuestionamos. Generalmente nos lo dijeron otros, nos lo impuso la sociedad.

Nos comportamos de acuerdo a mandatos. Qué es cierto y qué no es cierto para vos, insisto, responde a tu historia. El problema no es el mandato, el problema es que limite tus deseos y no darte cuenta te aleja de oportunidades "lo que quiero" si no "lo que debo o tengo".

¿Sabés cómo crece la oveja negra? Dándose cuenta que  “La semilla que germina es la que se pudre”. De ahí se puede salir, ya lo hiciste cuando viniste a este mundo.

Fuente: agumanzano.com

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