No te la llevás

Si en este momento dedicas cinco minutos a leer, puede que estés empezando a dejar de poner excusas y comenzando a poner las barbas en remojo. No pasa nada, el mundo sigue si ponés tu teléfono en silencio (no en vibrador, en silencio) La empresa para la que trabajás sigue facturando si te tomás 20 minutos al sol, deja de estar ocupado unos cinco minutos. Del “online” al “offline” no hay un paso, hay una decisión.

Hace tiempo veo mucha gente que admiro exhausta.

Hay algún momento en el que las líneas de expresión de la cara dejan estar al costado de los ojos en forma de “patas de gallo” y comienza a aparecer un surco vertical entre cejas.

Estamos llenos de actos y hábitos destructivos y no tenemos ni la más mínima idea de por qué. Actos o mandatos que nos hacen hacer cosas que realmente no hacemos conscientes, solo estamos focalizados en los objetivos que vamos a lograr cuando terminemos dicha actividad.

La sociedad de consumo, nos obliga a tomar la decisión de solucionar problemas que ella misma nos crea, y nos impone las alternativas de solución, el abanico siempre es acotado… no vaya a ser cosa que nos escapemos.

El verdadero enemigo, el verdugo es uno mismo. Si pensamos en la sociedad de consumo como una masa abstracta que impone, seguramente no vamos a encontrar soluciones, el problema es muy grande. Pero si logramos reducirlo a “uno” la solución es más simple. Y así como tu mamá pudo imponerte hacer la cama y vos decidiste no hacerla, así de simple es la lucha contra los mandatos y “¡maldita!” sociedad de consumo.

¿Cuándo dejaste que tu vida la decidan otros? ¿Por qué lastimarse innecesariamente? Lo peor ¿Por qué le enseñas eso a tus hijos, a tus hermanos, a tus amigos? Para confirmar esto, pensá lo mucho que te molesta estar sucio y lo poco que valoras lo que hizo que te ensucies. Seguimos eligiendo al abanderado con el guardapolvo más limpio y seguramente el que menos presta los lápices. Hace años que el abanderado de la escuela no es el mejor compañero. De chiquitos valoramos la individualidad egoísta.

Decime la verdad ¿No te gustaría volver a ver a la gente sentada en reposeras en la vereda de su casa? ¿Tenés todo lo que querés tener? ¿Querés todo lo que tenés? ¡Tiempo no tenés!

Mi abuela siempre dice: La plata sirve cuando ya no te sirve.

¿No estarás perdiendo tiempo para conseguir cosas, que van a tener el mismo destino que ese coso que compraste para hacer gimnasia? Abrí el resumen de tu tarjeta de crédito, entendelo porque puede que estés pagando una afeitadora en 18 cuotas, que a la quinta la dejaste guardada en un cajón, la reemplazaste por una descartable (nuevamente) porque para poder usarla hay que armarla y desarmarla y “no tenés tiempo”, no tenés tiempo porque tenés que trabajar para pagar las tarjetas.

Pibe, no hacés una.

Todos los viernes voy a dar clases, me levanto muy temprano para llegar porque vivo lejos. De la tranquera a la ciudad de la furia. Lo primero que veo cuando bajo del colectivo es gente corriendo con una bolsa de arena en la espalda, por la calle. En la vereda va la gente apurada a trabajar. Entre medio de los autos corriendo un grupo de chicos y chicas, con pesas en los pies, bolsas de arena y sufrimiento. Se llama crossfit lo que hacen, pero le dirían tortura si vieran esas caras sufrientes. Lo que no sé es… Si el sufrimiento es porque la bolsa de arena es pesada, o porque están pagándole a un tipo para que los obligue, los exponga en la vereda al “corré gordo, corré”. Llevo dos años hablando con gente que hace crosffit, el 90% lo hace para verse mejor, (pero como resultado final). Si se vieran mientras lo hacen seguramente dejarían de ir. Ya no disfrutamos ni el proceso de mejorar nuestro cuerpo.

¿Pensaste en chiquito? Achicar el problema y encontrar la solución simple. Puede que no estés concentrarnos completamente. Cambiá el ascensor por la escalera, cortá el pasto, agarrá la pala, barré la vereda, pintá la casa. No tenés que terminar todo lo que empezás, podés pintar una hora de pared y mañana seguís. Bailá una hora al frente del espejo, lo peor que te puede pasar es que alguien de tu familia pase y te vea haciendo el ridículo, más triste es la bolsa de arena en plena calle.

Todo el tiempo con algún aparato en la mano. Ni blanco, ni negro. Usá ese smartphone o notebook para poner música. Transá.

Dejá de hacer guita que no podés contar, enfréntate a tu suegro y cuando te pregunte: ¿Con qué vas a mantener a mi hija? Decile que con la plata de él, que él ya la hizo, que alguien la tiene que gastar. No hay que ganar más, hay que saber cuánto gastar. Todo gasto implica otro gran gasto irrecuperable, tu tiempo.

Es matemático, la sociedad de consumo pide multiplicar para después dividir, pensá solamente en restar lo que no sume y es más fácil todo.

Sabes cuantas horas hay recolectadas en correos electrónicos (en escritura, en lectura…) Vivimos tirando a la papelera cientos de ofertas. No tengo ni la más remota idea de cómo reciclarlos. ¿Realmente esperan una respuesta a esos correos?

Somos mentirosos, aceptamos mentiras. Las empresas mienten y juegan a decir la verdad. ¿Hay acaso un acuerdo implícito más mentiroso y perverso que un currículum? El que lo hace miente, el que lo recibe sabe que el que lo  hace miente, y mentirosamente le dice al que contrata que “este puede ser”, por que llamó a la recomendación y es tan “bueno en su trabajo” que yo lo dejé ir… por grosso. (cuando todos sabemos que la recomendación es el primo que miente diciendo que fue empleador).

Nos toman en trabajos por lo que hacemos, no por lo que somos ni por lo que somos capaces de lograr. Imaginate si las empresas empezaran la búsqueda con un “Busco un tipo honesto, sincero que sepa manejar tal o cual herramienta” Mínimo habría un filtro íntimo a la hora de postularse.

Tengamos hijos con amigas, armemos las familias como podamos, gastemos menos en créditos hipotecarios y viajemos más. Los viejos modelos ya se fueron, han pasado de largo para muchos de nosotros, lo que queda es ese “Que se yo” que los mantiene. Mientras pensamos que son pocas las familias en la que los padres están juntos, existe una posibilidad y es que solo duerman juntos por que durante el día están trabajando para mantener un techo, un techo que podés alquilar toda tu vida, total de acá no te la llevás campeón. La dejas toda.

Prisioneros de esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. Necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humano. No porque lo digo yo, sino porque lo pedimos a gritos todos.

No es que tengas insomnio, es que no estás lo suficientemente cansado. No es que te deprimas, es que tenés que compararte menos. No es que tengas poco, es que viajás más liviano.

Visitá www.agumanzano.com 

Twitter: @perromanzano

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