En busca de la paciencia perdida

Nacimos para vivir en sociedad y como tal, debemos padecerlo. Y del seno de la sociedad surgen los dirigentes. Y no sólo los dirigentes políticos, que suelen ser el primer blanco de los disparos de cualquier arma que el ciudadano tenga a mano. También hay otros dirigentes. Los gremiales, los religiosos, los educativos, los empresariales, los comerciantes, o sea aquellos a quienes se les ha dado el poder de “dirigir” y que, con sus más y con sus menos, hacen que la vida del ciudadano medio, el que no puede dirigir ni los destinos de su familia por menos numerosa que sea, se vea plagada de conflictos existenciales que ni el Dalai Lama logra apaciguar en los tiempos que corren.
La dirigencia se maneja a través de la burocracia, que es un mecanismo de poder, de poder joder. Dado que si no existiera burocracia no habría sufrimiento humano. Es en estos puntos en los que me detendré a narrar los conflictos de un ser humano común, mortal, sea de la clase social que sea y de la raza, condición religiosa, sexual, política y/o futbolística que sea. Y sus cotidianos padecimientos desde que se levanta hasta que se acuesta, convirtiéndose a sí mismo en un mecanismo indispensable para el funcionamiento del sistema capitalista en decadencia, adobado por tintes accidentales y cretinos, donde debió leerse en otras épocas, occidentales y cristianos.
Y yendo al punto que me moviliza, relataré cómo los responsables de la Cooperativa Integral que nos brinda el servicio de agua, nos han cambiado los conocimientos académicos que supimos conseguir en el paso por las aulas, cuando nos decían que el agua para ser consumida debe ser, incolora, inodora e insípida.
Hace años que en Costa Azul Norte, el barrio en el que vivo, un poco por elección y otro poco porque es donde conseguimos instalarnos, tiene serios problemas con el agua. Es el último tramo del recorrido del agua que proviene de la toma de Cuesta Blanca. Así que a los problemas usuales, en temporada se suma la baja presión o la falta del líquido elemento, especialmente los fines de semana.
Ante un grave problema que tuvimos el año pasado, y después de una reunión con la plana mayor de la Cooperativa, se comenzó a bombear agua de una planta que hay en el barrio, junto al lago. Fue como elegir el mal menor: quieren agua, tienen agua, pero….
El agua que estamos consumiendo en Costa Azul, tiene olor, tiene color, tiene sabor, y en muchos casos, algas, líquenes, mojarras etc. Valga la exageración como recurso, pero no crean que es tanta. Eso sí, se paga como si fuera de manantial.
Si tenías pensado darte una ducha para sacarte el olor a transpiración, no dudes que es mejor el olor a transpiración. Doy fe que vecinos más que preocupados han hecho analizar el agua en organismos confiables y con los resultados en mano, han reclamado y de todas formas , nos sostienen que hay una tolerancia de tanto por ciento multiplicado por ocho millones etc. La tolerancia no será de los intestinos de quienes osen tomar el agua así como sale de la canilla.

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