Pobre Chancho

De una manera casi cíclica vuelven a mi cabeza palabras que preocupan. Devaluación, el dólar, la inseguridad, la crisis económica, el estallido social, la manipulación de los precios, el desempleo, la corrupción, la escasa oposición, la tristeza, la desinversión. Que se le suma la ola de calor, la pobreza, la abulia, el desinterés interpersonal y la falta de empatía. Pero no nos quedaremos en enunciado de titulares preocupantes o que intentan serlo. No vamos a generar una ola reaccionaria de puteadas, vamos desde nuestro lugar a entender problemáticas. En definitiva este es mi humilde aporte a que comprendamos la complejidad de la situación actual. Entiendo que podemos responder a los pasos de un método científico que desenlace problemas, pero para esto te pido por favor que respondas desde tu presente real. Que no hablemos de memoria, ni de historia Argentina sin poder contemplar el presente, y que interpretes una metáfora: “No te pido que limpies la casa si no te gusta, te pido que no la ensucies” Si no estás dispuesto, deja de leer por qué no sirve de nada, seguramente encontrarás otras cosas más interesantes para hacer.

¿En qué momento se devaluó? Cuando hice esta pregunta me respondieron: “Todo empezó en la época de Alfonsin”. Me hablaron de inflación, de hiperinflación, y hasta me presentaron un concepto nuevo: Megainflación. Pero mi pregunta no estuvo completa, y asumo esa responsabilidad. ¿En qué momento se devaluó la vida? ¿Cuándo fue que nos hicieron creer que una persona tiene más valor que otra? Hablemos de porque te sentís más importante que otro por un puesto, por haber estudiado más, por tener más dinero, o por trabajar en la tele. Esa devaluación del dinero no tiene responsabilidades, pero nosotros sí. Ella no es sin nosotros. Ella es porque nosotros dejamos de ser humanos y le dimos el lugar al dinero que el dinero tal vez no debe tener. Cuando no entendemos, no estamos en eje. Ahí es donde la inseguridad nos gana, pero no hablo de la inseguridad del robo. Hay herramientas más útiles que vivirse quejando por los afanos. Joven, usted debe entender que en vez de ser un abogado que trabaja de tachero puede escapar de las “Megapolis” y puede ser feliz en un pueblo y trabajar un mes al año por la misma cantidad de dinero que en la city. Oiga, su abuelo cruzó un océano para ser feliz y usted no se mueve del microcentro ¿Qué le pasa? Le aseguro que si lo piensa puede vivir en ese lugar que dice que es “un paraíso” mucho más tranquilo. No le tenga miedo a salir. Miedo es salir y pensar que no vuelve, y no “quedarse sin plata”.

El verdadero estallido social debería venir de la mano de los abuelos. Ellos deberían dar el ejemplo de los “Patrones de estancia”, del “Gurú de la tribu”, ¿Quién les hizo creer que no sirven para nada y que no pueden hacer nada más que la cola para cobrar una jubilación?

¿Por qué los abuelos no están sentados en una plaza sirviendo café con leche calentito para los que tienen hambre? ¿Qué tan fuerte es la clase política cuando le ganan la calle, la posibilidad del servicio? A lo mejor damos un golpetazo y la gente se da cuenta que hay gente que necesita cosas que a ellos les sobran y que no tienen de que quejarse.

¿Si en vez de plata para estudiar armamos dormis en la facultades para los chicos del interior? ¿Si les compramos los libros? Sería un golaso para atacar el mercado inmobiliario (gran responsable de las distancias económicas, manipuladores natos del mercado). Erradiquemos el pago de renta para poder vivir. Un perro no lo hace, un gato, un loro, y las golondrinas tampoco lo hacen.

El verdadero ahorro no existe, porque nosotros nos mentimos. Guardamos plata “en caso de necesidad”, “por las dudas”. Gastala, internate en un spa, hacete los estudios y no gastes en enfermedades. Prevení. Si tenés la posibilidad, construí arriba de la casita de los viejos. No hay ningún problema. Es más, podés pegar una cena familiar para pelearte o para reír. Y si no podes coger por que la vieja anda dando vueltas, con lo que te ahorras de alquiler podes alquilar una cabaña y de paso “haces algo distinto”, como dicen las revistas de las mujeres.

Empezá vos por cuidar tu plata. Deja el gym, hace los mandados caminando y cociná bailando. Agarrá la pala y hacete una huerta, vas a ver como se te baja la panza y se te para la cola. Y si no tenés patio venite a casa que me sobra terreno para puntiar. ¿Te sobran zapallitos? Dáselos al vecino. Organícense que capaz que hasta pueden sembrar cosas distintas y regalarse mutuamente.

No compres un auto para tocar bocina porque hay muchos autos. Ellos pensaron como vos. Viaja en colectivo. Cuando no manejas podés leer un libro, escuchar música, tomar sol desde la ventanilla (Cuatro minutos al sol te otorgan la vitamina necesaria para todo el día).

Cagate en el dólar. Comprá herramientas, hacete un cursito de electricidad, gas plomería y de paso no puteás al gasista cuando viene el julio a destaparte los picos.

La culpa no es del chancho.

@agumanzano

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