Aldo Guizzardi: “Dejé de creer en la estructura política”

Al frente del Show de la Mañana, el programa matinal más visto de Córdoba, Aldo “Lagarto” Guizzardi es sinónimo de la televisión cordobesa de las últimas décadas. Participó del resurgimiento de las producciones locales a mediados de los 80 y lleva 26 años consecutivos en la pantalla chica de nuestra provincia. Su relación con el poder, el apoyo a la Ley de Medios, su incursión en Carlos Paz y las ofertas para ocupar cargos políticos. Todo, en un mano a mano con Crónicas del Día.

¿Hay alguna fórmula para mantenerse tanto tiempo al frente en la televisión cordobesa?

De manera ininterrumpida, llevo 26 años en la televisión. Y la única fórmula que puede existir es la de laburar. Tratar de tener algún proyecto como zanahoria. No dormirse en los laureles ni creer que esto es Hollywood. Hay que entenderlo como un trabajo. Uno se levanta todos los días para hacer lo mejor que puede y al otro día volver a empezar.

¿Cambió mucho la televisión desde que comenzó hasta ahora?

Ha cambiado. Cuando yo empecé me tocó participar de lo que algunos historiadores definieron como la revolución de la televisión cordobesa. Cuando empezó a generarse una expansión de la producción local, a mediados de la década del ‘80. Hasta ese momento, las producciones locales se circunscribían a los noticieros y algún programa de presentación.

En 1986 se comenzó a gestar un movimiento de producción local, de la mano de Audiovisión, con Telemanías, Buenas Tardes, La Pachanga, Buenas Noches, Yesterday, que coparon la pantalla de Canal 10 y marcaron un quiebre. Ahí se impuso un sello en la televisión local.

¿La televisión cordobesa está a la altura de Buenos Aires?

No. Tal vez desde el punto de vista del contenido y de los profesionales que trabajan en el medio, haya mejores profesionales acá en proporción a Buenos Aires. El problema son los recursos técnicos y de presupuesto, vinculados a la diferencia económica. 

Ahí radica la posibilidad de crecimiento, sobre todo en la televisión, donde los elementos técnicos juegan un papel preponderante.  La televisión no es como en la radio, donde tal vez el ingenio puede reemplazar el déficit técnico. Nosotros hacemos uso del ingenio más que de la tecnología

¿Hasta qué punto el televidente debe participar del producto periodístico?

En nuestro caso específico, tomamos como idea central la radio, y pensamos que nuestra competencia era la radio, y por lo tanto debíamos modificar el hábito del oyente para transformarlo en un televidente/ oyente. Lo que surge es que la radio tiene un elemento que la televisión no tenía, que era la instantaneidad, que se da través de la participación del público.  Y dentro de la participación del público, están las respuestas que requiere.

Nosotros creamos una línea que se llama Vecinos 2255, que tiene el fin de atender cada uno de los reclamos del vecino. Nos hemos pasado mucho tiempo en los comienzos del programa buceando en la problemática de los televidentes/ oyentes, respondiendo a cada uno de los pedidos.

La columna vertebral de nuestro programa es la respuesta al que está del otro lado. Sabemos que tenemos al alcance de nuestra mano las gestiones y la posibilidad de servir de puente y de nexo entre el televidente y los que pueden solucionar sus problemas. En eso no hemos mezquinado trabajo.

¿Qué opina de la Ley de medios?

Me parece una ley muy buena. El problema ha sido la reglamentación y los intentos de puesta en marcha. Tiene algunos defectos, pero en la esencia me parece excepcional. Me gusta la ley y el criterio antimonopólico que tiene, pero debe serlo para todos, tanto para el Estado como para los privados. Y creo que en la implementación es dónde los políticos fallaron en contra de esta ley. Me gusta, salvo algunos detalles, tal vez un exceso de distribución de frecuencias. Pero la médula de la ley me gusta.

¿En qué etapa de su carrera se encuentra?

Ya en la recta final, jugando los últimos años. Llevo más de 40 años trabajando en esto. Algún día hay que parar y comenzar a ver el horizonte.

¿Por cansancio o porque hizo todo lo que quería hacer?

En realidad me di todos los gustos, tanto en radio como en la televisión. Tal vez me queden algunas materias pendientes en la radio. En la Televisión hice todo lo que se puede hacer desde mi lugar.  Debo decir, con modestia, que me ha ido bien en todos los proyectos que participé, ajenos y propios. Más no puedo exigirme, porque sería injusto conmigo mismo.

También tengo que darme un lugar para el descanso. Aun así, sé que no voy a separarme nunca de los medios. Siempre voy a estar ligado, pero tal vez con otro grado de compromiso, exigencia y menos responsabilidades. Atendiendo un poco más a mis placeres internos, y en ese sentido, la deuda que tengo es con la radio.

Ha incursionado en Carlos Paz, con inversiones en Radio Serranías. ¿Cómo se entiende esta apuesta en el interior provincial?

Hay que entenderla desde el punto de vista que el Indio Montesinos, que es el dueño de la radio, es mi amigo y me entusiasmó colaborar con él. Lo hablamos, le dije cuál era mi idea de radio y le dimos para adelante. En Calamuchita sucede lo mismo con otro amigo. Cuando decante algunas de mis tareas en Córdoba profundizaré en estos lugares, probablemente. Tal vez sea la semilla para que en los próximos años pueda dedicarme a hacer algo más placentero en esas radios.

¿Entiende el fenómeno Blanquita Rossi y su incursión en la política?

Sí, lo entiendo, porque nace en el fracaso de la política. Y no lo digo en desmedro de Blanquita Rossi, a quien aprecio y valoro. Me parece que la política ha depreciado tanto su contenido, que la gente necesita encontrar identificaciones en otros sectores que no son de la política. Creo que la explicación está en la degradación que los políticos han hecho de la política, en el descrédito que han tenido para con la política, que lleva a la gente a buscar entre personajes ajenos a ella, que no tienen experiencia ni formación en política.

Ojalá que con estos experimentos nos vaya bien.  La historia, si uno la empieza a medir y a matizar, no da saldo positivo en ese sentido. Tampoco lo da en el caso de los políticos profesionales. Los políticos profesionales hicieron muchas cosas mal y otras bien, entre ellas, reconquistar la democracia. Entre las que hicieron mal, la corrupción estructural. Eso no quita que puedan volver a hacerse bien las cosas, con nuevas generaciones de políticos.

Lo que ocurre en Argentina se da en muy pocos lugares. Esto de recurrir a figuras extrapartidarias por su inserción u opinión positiva. Hay casos aislados en Brasil, España. Pero en ningún lugar de manera tan recurrente como aquí.

¿Lo tentaron para hacer política?

Si, en varias oportunidades

No lo seduce la política…

Me gusta la política, he sido militante político. Pero no me gusta en esta etapa ni en esta estructura partidaria. Tal vez estoy un tanto más anarquizado en el concepto de político. He dejado de creer en muchas cosas, como en la actual estructura política, que creo que es muy dañina, y no me siento reflejado.  Me han hecho ofrecimientos muy interesantes, que tal vez si uno hubiese sido especulador, lo hubiera aceptado y gozaría de una muy buena jubilación.

¿Cómo se da la relación con los gobiernos municipales y provinciales?

Tuve una muy mala relación con Angeloz, realmente muy mala, pésima. Tuve una relación de amor odio, en el buen sentido, con Mestre.  Yo hablé con todos los gobernadores y todos los intendentes. Todos han venido a comer a mi casa y a todos los he ido a visitar. He tenido una muy mala relación con De la Sota durante sus primeros ocho años en el gobierno provincial, muy mala.

He tenido una relación muy mala con Schiaretti al comienzo y aceptable en el final. Ahora con De la Sota tengo una relación, digamos, aceptable. Cuando digo aceptable quiere decir que vienen al programa, puedo preguntar libremente y sus ministros aceptan hablar conmigo. Llegaron a pasar ocho años sin que De la Sota visitara un programa mío.

También ocurrió con Mestre hijo. Durante ocho meses no nos dirigíamos la palabra, porque él estaba enojado porque yo lo criticaba. Pero a la larga los políticos se dan cuenta que esa no es la manera de solucionar los problemas. Enojarse con el cartero es negar la realidad. También depende del grupo de asesores que tengan.

Con Giacomino tuve una relación distante, pero de todos los políticos que pasaron, y siendo Giacomino el que peor imagen positiva tenía, yo debo reconocerle la mayor caballerosidad. Fue uno a los que más duramente he criticado, y conmigo tuvo un grado de caballerosidad pocas veces visto.  En líneas generales, los políticos suelen ser consumidores de elogios.

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