La vida detrás de las llamas

Marcelo Zornada saca el encendedor del bolsillo, lo hace funcionar y explica en simples pasos como el fuego se transforma en incendio.  Al combustible solvente del cargador lo cambia por las pasturas secas, y al aire que se respira en el comedor del cuartel de Bomberos de Carlos Paz, por un viento incontrolable. Así, una simple quema de hojas en un patio externo se transforma en un devastador infierno que se traga 1.500 hectáreas de monte en cuestión de horas.

Zornada está al frente del Plan Provincial de Manejo del Fuego, una dependencia que se encuentra en plena temporada alta y en el punto más alto de su exigencia. Lo dice y lo subraya: Los ventarrones típicos del agosto cordobés son tan letales como la imprudencia del que prende fuego en las sierras.

El panorama es algo más alentador comparado con los últimos años. En 2012 se quemaron 10 mil hectáreas en todo el territorio cordobés, una extensión claramente inferior que las 60 mil hectáreas promedio que se extinguían por el fuego hasta la década pasada.

 

¿Cómo se viven las horas después de un incendio como el de Colinas?

Con respecto a nuestra situación interna, lo más importante es la recuperación del material y del personal, que se enfrentó a un desgaste muy grande y que siempre lleva un tiempo de recuperación. Ha sido una situación traumática. Después de los incendios forestales tiene que haber una recuperación psicológica para preparar al hombre para la próxima alarma.

Creo que lo más importante de todo, en este caso, fue ver el trabajo interdisciplinario que se dio con la comunidad y agradecemos mucho su apoyo. También estoy agradecido al trabajo de nuestra gente, y los niveles de gobierno que colaboraron, porque estuvieron cuando hizo falta.

 

¿Por qué es tan importante la ayuda de la comunidad?

Porque la comunidad auto protegida es parte de lo que hace a un país en desarrollo. Todos los años en los que se vino trabajando en promoción están dando sus frutos. La de Colinas fue una situación compleja. El trabajo policial fue directo. Valoramos el apoyo porque la gente siempre entendió que la prioridad eran los efectivos que estaban trabajando en el lugar y que estaban a su servicio.

 

Bomberos genera una aceptación en la sociedad de la que tal vez no gozan otras instituciones públicas. ¿Lo entiende de esa manera?

Nunca lo miré por ese lado. Bomberos siempre cumplió su función y lo hemos hecho al riesgo de la ciudad. He trabajado muchos años con otras instituciones, como la Policía, y sin el apoyo de ellos se complica la operación. Nosotros muchas veces entramos en una función judicial y ellos son auxiliares de la Justicia.

 

¿Reconforta el reconocimiento de la gente?

Siempre el trabajo del Bombero y de la Policía es un trabajo ingrato. Aparecemos porque hay un problema. Todos queremos lo mejor para solucionar el problema y muchas veces hay que asumir determinadas situaciones en función de la emergencia. Uno se maneja sabiendo que es un trabajo ingrato, más allá de que reconfortan las gracias por la misión del deber cumplido y saber que hicimos las cosas bien. Tenemos el convencimiento de que el amor al prójimo se mueve con una fuerza que se llama voluntad.  Hay que hacerlo sin mirar clase, ideología, religión y cuando llaman hay que estar.

Ante una emergencia se junta la sociedad, se solidariza y nos reconforta porque uno no se siente solo en esto. Es la misión institucional de salvar vidas y bienes que se encuentran amenazados por elementos adversos.

Considero que la mejor forma de irse de este mundo es haber hecho algo por alguien y sin recibir nada a cambio

¿No es momento de empezar a analizar una remuneración económica para Bomberos?

Estamos trabajando en eso con el municipio. Hace tiempo que lo venimos analizando con el Ejecutivo y los comisionados de Bomberos. Estamos trabajando sobre cómo ha ido evolucionando el riesgo todos estos años en Carlos Paz. La ciudad tiene explosiones demográficas por ciclos. Yo vine al cuartel en el año 1975 y Carlos Paz tenía 13 mil habitantes. Hoy tiene 90 mil habitantes estables con un desarrollo urbanístico muy importante, y ha crecido de manera muy desordenada.  Eso trae riesgos que se analizan y ahí es donde cambia el enfoque.

 

¿Cuál es el límite ante las llamas? ¿En qué momento hay que dejar de combatirlas y retroceder?

Hay un límite. Se maneja por dotaciones de trabajo. La gente que está en esto es profesional de lo que hace y sabe tomar decisiones en casos de emergencia. Siempre hay que evaluar las condiciones de seguridad. Hay criterios de decisión.

Al momento de entrar a la línea de fuego, se va trabajando por atrás de las llamas mientras los aviones hidrantes van cortando la cabeza del fuego para darle tiempo a las dotaciones, que van avanzando y haciendo la guardia de cenizas.

Las medidas de seguridad indican que a un incendio nunca se lo ataca de frente porque si uno aspira aire caliente a más de 60 grados centígrados se tuestan los pulmones y la muerte es automática. Siempre se trabaja por detrás y con los equipos de seguridad necesarios. Los criterios de acción siempre lo deciden los Bomberos y el Gobierno acerca los fondos.

 

La Ley del Fuego trajo penas para los responsables de generar incendios. ¿Era necesaria una legislación de este tipo?  

Totalmente. El fuego es lo que puedo controlar y un incendio es lo que no puedo controlar. En el caso de un incendio que ha traído la pérdida de vidas porque alguien lo originó, evidentemente eso es un delito penal. Está prohibido. La Ley del Fuego, lo que hizo es empezar a encuadrar este tipo de situaciones en las que se está cometiendo claramente un delito.

 

Alcanzó un punto muy alto en su carrera. ¿Una vez que deje el cargo seguirá como Bombero en Carlos Paz o pensará en descansar?

Yo creo que todos tenemos un ciclo. Cuando deje de ser director del Plan de Manejo del Fuego, voy a seguir siendo Bombero, porque hay una ley que regula cuanto tiempo un Bombero puede estar en el cuartel. Yo agradezco a mi familia y tengo la ventaja de que mi mujer también es Bombero. Entonces, a cualquier horario, uno puede salir a la alarma.

Es algo que traigo desde los 10 años. A los 8 años entré al grupo de scout en Carlos Paz, a los 10 años empecé a acercarme a Bomberos. En el grupo de scout me marcaron los principios y los Bomberos me ayudaron a moldear y sentir la vocación de servicio. Uno tuvo la suerte de llevarlo a otras escalas. Sé que no ha sido fácil porque hemos tenido que atravesar, en todos estos años, situaciones difíciles durante las emergencias, porque así se plantean. 

 

¿Esas situaciones lo llevaron a pensar en dejar todo?

Si uno se pone a pensar que tiene que dejar, lo primero que tiene que valorar es el sacrificio de la gente que uno comanda, y sobre todo tiene que seguir pensando en la comunidad. Uno tiene que seguir haciendo las cosas como corresponde en pos de la comunidad.

Cuando uno flaquea un poco, siempre aparece eso. Hay que seguir porque hay que hacerlo. Siempre preparando las estructuras institucionales, por supuesto.

 

¿Alcanzan los Bomberos que hay para Carlos Paz?

De acuerdo a las normas internacionales, para respuestas en este tipo de ciudad se necesitarían 50 bomberos activos. Hoy Carlos Paz tiene 42. Nos faltarían ocho.

 

¿Es difícil encontrar voluntarios con vocación de servicio?

Más de una vez mucha gente se hizo la pregunta. Y en 38 años que llevo en la actividad, descubrí que todo ciudadano, cuando pasa algo, siempre busca colaborar. Es algo que nace desde adentro, sin ningún criterio filosófico. Y cuando empiezan en esta actividad, lo llevan a otro nivel y se les llena el espíritu. Todos lo llevamos adentro.  Lo más importante es que el manejo del fuego es una cuestión de estado. Hoy el fuego forestal es considerado una amenaza internacional, cuando antes se lo usaba con fines agrícolas.

 

Fotos: Agu Manzano/Gabriel Bacca

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