Pichu Straneo, el hombre de los mil personajes

Un pibe, de no más de unos 8 años, lo detiene justo en la entrada del complejo Holiday, en plena peatonal, y tímidamente le pide si le puede hacer una cañita al aire. Es uno de los clásicos de Fernando "Picho" Straneo, que con gusto accede y juntos la practican delante de los turistas que clavan los codos para ganar lugar e intentar una foto.

Pichu es uruguayo, humorista, imitador, músico y uno de los referentes de Sin Codificar, algo así como “el programa de culto” de la televisión abierta que también se trasladó al teatro de verano en Carlos Paz (Miércoles a Lunes en el Teatro Holiday).

Arriba del escenario, lo suyo con el público es pura simbiosis. No hace más que un gesto y desde las gradas la respuesta surge inmediata. Sus personajes mutan y tienen directa relación con lo que él muestra cuando el espectáculo se acaba. En una hora y media, imita fantásticamente a Nino Bravo y Vicentico, pasa por la clásica oveja que hace las veces de Gustavo Cordera, agarra una guitarra e interpreta un tango “con chivos”, hace de Re Mugrienta, integra la Cumbia Papal….en fin.

Ese perfil multifacético que la gente observa cuando las luces se encienden, también lo muestra en el trato diario. No existe el Pichu actor y el hombre detrás del personaje, en realidad, son prácticamente el  mismo.

Antes de la función, Crónicas del Día compartió una charla de escenario, ese lugar que le es tan familiar cómo el living de su propia casa.

¿Cómo te trata Carlos Paz?

Bien. Siempre me gusta venir a Carlos paz. Este año estaba saturado de laburo y no quería hacer temporada. Surgió al último y la verdad que es un placer trabajar con estos compañeros. Porque venimos todo el año y tenemos un grupo muy bueno, de gente laburadora y sin egos.

¿Cómo definís el humor de Sin Codificar? ¿Se fijaron en alguien al momento de crearlo?

No sé, no lo tengo muy claro. Nosotros tratamos de hacer reir. Tenemos un estilo muy loco. La definición más sensata que te puedo dar es que queríamos hacer cosas que no nos dejaban o no entraban en el formato de Videomatch, más allá de que fue nuestra escuela y estamos eternamente agradecidos y somos reconocidos gracias a ese programa. Había cosas que no te dejaban y por eso nos inclinamos por un humor muy delirante y bizarro.  La gente ve que nos venimos a divertir y no tenemos delirio de estrellato.

¿Sin Codificar se convirtió en un programa de culto?

Siempre lo hablamos con los chicos y no nos consideramos de culto. Nosotros quisimos hacer un programa de humor y nada más. De repente empezó a haber gente que se hizo muy fanática del programa.

¿Qué papel jugaron las redes sociales en su crecimiento?

Fuimos muy potentes en las redes sociales. Es uno de los programas de televisión de Latinoamérica que tiene más fans en las redes, con casi 4 millones y medio de seguidores.

Bueno, muchos videos se transformaron casi en virales en Facebook y whatsapp…

Tal cual. En You Tube, la Cumbia Papal es el más visto y pasó las 13 millones de visitas y el Baile del Cuadrado pasó las 7 millones de reproducciones. Hay como un programa paralelo al del aire. Muchos pibes nos cuentan que a la noche se juntan a ver los videos en internet.

¿Piensan en ellos al momento de hacer humor, en adecuarlo a un público joven?

En realidad, hemos logrado juntar un elenco entre veteranos y jóvenes. Hay muchos pibes en la producción que son muy creativos, que tiran muchas cosas y ayuda a aggiornar la propuesta al público que nos sigue. Sabemos que debemos hacer cosas para los jóvenes porque nos siguen mucho. Pero el humor de los Rebos, por ejemplo, ya los excede y es casi infantil, más allá de que aquí en el teatro se le pone un poco de picante porque también viene la familia.

Me cuentan que así como se te ve en el aire sos fuera de cámara…

Si, soy rompe pelotas (sic) las 24 horas. Siempre ando haciendo cosas y gritando. Miguel Granados también. A él lo conocí a los 11 años, en Videomatch y siempre se acuerda que en esa época ya éramos muy jodones todo el tiempo, incluso fuera de aire.

Vos y Sebastián Almada son los dos uruguayos de esta nueva camada de humor al que además le aportan una muy buena cuota musical.

Él es muy buen músico. Estudió y es un profesional. Al momento de hacer humor la música aporta mucho. Yo soy un eterno fans de Le Luthiers y con Sebastián siempre quisimos acercarnos a lo que ellos hacen. Siempre nos gustó el humor musical.

¿Recogieron algo en su formación de aquella camada dorada de humoristas uruguayos de los ´80 con Hiperhumor?

Nos fijamos en ellos y fue gran parte de nuestra escuela. De hecho, Almada es hijo de uno de los grandes exponentes (Enrique Almada) de esa camada. Cuando éramos chicos eran ellos los capos del humor en Montevideo. Había un programa que era Decalegrón, que era furor. Fueron un gran referente para nosotros.

Con Sin Codificar diste un primer paso para despegarte del Tinelli. ¿Hay ganas de abrirse y empezar algo solo?

No, muchas veces me lo plantearon pero siempre digo que no sirvo para largarme solo.  Siempre quiero laburar en grupo. Me siento feliz con compañeros como estos al lado. De hecho, me gustaría que Sin Codificar siga algunos años más porque estamos felices y hacemos lo que queremos. Ojalá que la gente nos siga acompañando y eso es una responsabilidad nuestra, por eso todos los domingos tratamos de hacer algo nuevo. Hay cosas que hay que repetirlas, porque el público pide que repitamos algunos sketch. Los Rebos son la bandera del programa, lo mismos que La peña, que es una sección muy linda porque incluís a toda la Argentina.

¿Costó despegarse de Tinelli?

Sí. Costó mucho. La remamos mucho.

¿Renegaron alguna vez de esa etiqueta?

En realidad lo que queríamos era hacer cosas nuevas y que nos reconozcan por eso que hacíamos y ya no sólo por lo que hicimos con Tinelli. Renegar no, porque sería ser desagradecido por la escuela que nos brindaron. Si pedíamos que no nos etiqueten. A veces venían y nos decían “¡Tinelli!”, y vos por dentro decías, ´ya no estoy en Tinelli´. Pero Showmatch fue uno de los programas más exitosos de los últimos tiempos y orgullosamente podemos decir que nosotros pusimos un granito de arena.  

Foto: Gabriel Bacca Weth

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