"Es insostenible el sistema actual de productos de origen animal"

Ezequiel Arrieta no es sólo un referente del vegetarianismo en Córdoba, es además, un analista de este movimiento, que aporta datos precisos sobre la necesidad de modificar la conducta alimenticia de los argentinos y transformarla en una dieta más saludable.

Tesista en la Universidad Nacional de Córdoba y Profesor Asistente en la Cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Ciencias Médicas, habló con Crónicas del Día sobre un pensamiento y modo de vida que cada vez cuenta con más adherentes. Su libro, "El vegetarianismo en el debate político" da cuenta de la necesidad de un cambio.

¿Desde qué aspectos (económico, ambiental, etc) considera que es insostenible el sistema actual de producción de alimentos de origen animal?

La insostenibilidad del sistema actual de productos de origen animal es un tema que está siendo tratado desde no hace mucho con rigurosidad en las altas esferas académicas, ya que se trata de un tópico de gran relevancia para asegurar la subsistencia a largo plazo de nuestra civilización.

La Organización para la Agricultura y los Alimentos de las Naciones Unidas (FAO) acuño el término dietas sostenibles por primera vez en el año 2010 y lo definió como “dietas con bajo impacto ambiental que contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional y a la vida sana de las generaciones presentes y futuras. Las dietas sostenibles concurren a la protección y respeto de la biodiversidad y los ecosistemas, son culturalmente aceptables, económicamente justas, accesibles, asequibles, nutricionalmente adecuadas, inocuas y saludables, y permiten la optimización de los recursos naturales y humanos” .

Así es que a las dietas ricas en productos de origen animal se las ha relacionado con la amenaza de la seguridad alimentaria, teniendo en cuenta que el 37% de los granos y más del 97% de la harina de soja producida a nivel mundial, son destinados como alimento a la ganadería. Si bien en este momento la hambruna no es un problema de escasez, sino de mala distribución, ocurrirán conflictos dentro de algunos años ya que el ganado compite con recursos que podrían ser aprovechados por los seres humanos para producir sus alimentos (tierras, agua, energía, forraje, etc.).

A esto se suma la degradación ambiental ya que las actividades del sector pecuario están fuertemente relacionadas con la degradación de los ecosistemas porque para sostener a la producción de animales se requiere de una enorme cantidad de recursos que implican la deforestación y conversión de suelos; la contaminación del agua dulce, debido a que los alimentos de origen animal son altamente demandantes de agua y la huella hídrica de cualquier producto animal es mayor que cualquier producto vegetal con el mismo equivalente nutricional; la degradación de las cuencas hídricas y el calentamiento global y cambio climático, del cual el sector pecuario es responsable de la emisión del 10% al 25% de los gases de efecto invernado, según coinciden varios autores.

Por último, es importante incluir el tema de la salud y cómo el elevado consumo de carneha sido relacionado con las enfermedades cardiovasculares, obesidad y sobrepeso, diabetes miellitus tipo II y algunos tipos de cánceres.

Usted traslada esta necesidad de cambio al debate político, siendo que escazas veces se le ha otorgado un tiempo prudencial dentro de algún estamento gubernamental ¿Considera que es posible insertar el vegetarianismo dentro de la agenda política?

No sé si es posible, pero sí se que es necesario. Aunque voy a ser claro, no tengo intenciones de insertar al vegetarianismo en la política, aspiro a que se inserte en el debate la idea que de la urgencia que constituye la reducción del consumo de carne.

Argentina tiene una cultura muy cárnica, por tradición, pero hoy se consumen cantidades descomunales de la misma (más de 100 kg por persona por año), y no es un alimento necesario en ninguna etapa de la vida para el desarrollo de una buena salud, tal como lo mencionan los consensos de las principales instituciones nutricionales del mundo [14,15]. Así que se hace díficil imaginar la idea de que el vegetarianismo se inserte en la agenda política, especialmente si tenemos en cuenta el reciente Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial que pretende incrementar la producción de cereales forrajeros y carne para el año 2020, así como se pretende aumentar el consumo de carne en la población hasta alcanzar los 122 kg por persona por año [16].

Si bien es cierto que mientras menos carne se consuma, más eficiente será el aprovechamiento de los recursos, lo más importante es comenzar por la reducción del consumo de estos productos.

¿Qué grado de inserción tiene el vegetarianismo en nuestro país? Se nota que en los últimos años han surgido grupos y movimientos afines ¿Se ha conseguido un cambio de conducta en el consumidor?

Es cierto que en los últimos años ha crecido la cantidad de información circulante sobre el vegetarianismo, aunque no sé si eso se ha traducido en un aumento de la población vegetariana en nuestro país. No conozco estadísticas de Argentina, aunque a nivel global las cifras varían entre el 1% y el 10% de acuerdo al país.

Pero no podemos hablar de un cambio de conducta del consumidor si ésto no ocurre a gran escala. Personalmente considero que los gobiernos deberían comenzar a desarrollar estrategias políticas para promover un cambio en la dieta de la población general, desde campañas de educación en todos los niveles hasta  subsidiar a la producción de alimentos de consumo humano directo, como verduras y frutas. Tener en cuenta a las dietas son menos carne (o vegetarianas) para el desarrollo de políticas de estado, tanto de índole sanitario, como económico y ambiental, podría constituir una buena medida para comenzar abordar estos problemas y lograr producir alimentos en cantidad y calidad suficiente a un costo ambiental razonable.

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