Lefvarch Christensen, una mirada de ficción sobre la Guerra de Malvinas

Lefvarch Christensen es periodista e historiador cordobés, radicado en Carlos Paz con marcados antecedentes militares dentro de su familia.  Con ese bagaje, se avocó a la nada fácil tarea de ficcionar sobre uno de los temas más sensibles al argentino medio: La Guerra de Malvinas.

En su novela, “Nuestro hombre en Argentina” (Edición Quo Vadis) Christensen narra con una cuota de ficción, la veracidad de los hechos que acontecieron en nuestro país cuando se diagramaba la lucha del Atlántico Sur. El libro transcurro en un entramado de servicios de inteligencia internacionales que operaron en suelo argentino para favorecer los intereses de cada una de las naciones en pugna.

¿Cómo describirías a “Nuestro hombre en Argentina?

Es un libro de ficción. La historia cuenta una serie de hechos que tienen visos de realidad. Como aclaro al principio de la novela, muchos de los acontecimientos narrados son basados en sucesos reales. Son múltiples sucesos que los he cohesionado en un solo libro. Son muchas acciones que suceden en la trama y que trato de unificarlas en un personaje.

La historia ocurre durante la Guerra de Malvinas. Uno de los problemas más graves que tuvieron los ingleses fue la existencia de un polo industrial que había en Córdoba y que estaba dedicado a la fabricación de armamento estratégico. Esto podía suponerles algún problema ya que unas de las teorías que hay es que la Guerra de Malvinas a Gran Bretaña la tomó por sorpresa y no estaba preparada para lo que sucedía.

La acción sucede en la ciudad de Córdoba y sus alrededores que es uno de los pocos momentos en los que los servicios de inteligencias de los países que se ven involucrados podrían haber tenido la posibilidad de actuar.

Hay un hecho comprobado y es que la inteligencia chilena tenía agentes operando en Córdoba desde 1978, ya que en esa época Argentina estuvo a horas de entrar en guerra con Chile.

Lo que tenía Córdoba, que ya no lo tiene, es que era la unidad de combate más importante de la Argentina. El Tercer Cuerpo de Ejército, que ya no se llama así aunque se lo sigue conociendo de esa manera, era la unidad de reserva y combate más importante de la Argentina.  Cuando se movilizaban sus tropas se estaba movilizando al grueso de la fuerza. Esa era la fuerza principal que iba a cruzar Mendoza para atacar Chile.

Estamos hablando de un gobierno militar que tenía su base en la fuerza y que en ese momento aumentó mucho el presupuesto para lograr grandes unidades de combate.

¿Cómo se dan las alianzas y tareas de inteligencia antes y durante el conflicto?

En la novela se narra el accionar del Mossad, el servicio inteligencia israelí, y una ayuda muy grande que tuvo el país por el aporte de radares de alto alcance.  Esta ayuda responde, entre otras cuestiones, a que en Argentina se encuentra la comunidad de origen judío más importante del continente, fuera de los Estados Unidos.

Lo cierto es que hay una operación de inteligencia en Buenos Aires, con un fuerte anclaje en París, y yo lo traje todo a Córdoba, sobre todo porque conozco el lugar dónde sucedió. La novela sucede unos días antes de que comience el conflicto de Malvinas y termina unos días antes del 20 de mayo, que es el desembarco en San Carlos.

En ese período de tiempo, la inteligencia británica actúa para dar solución a una serie de problemas que son reales y donde queda de manifiesto el peso que puede llegar a tener el polo industrial. También quedan al descubierto las relaciones con Israel e incluso con Libia, que paradójicamente, era el mayor enemigo de Israel.

¿Qué tan importante fue el apoyo chileno a Gran Bretaña?

Más que apoyo chileno, yo diría que fue un apoyo pinochetista. No se si el pueblo chileno aceptaría en gran medida el apoyo que prestó el aparato de la dictadura que los gobernaba en ese momento. Más allá de que existe una especie de visión, en la sociedad trasandina, de que muchas veces Argentina es el causante de los problemas que ellos tienen, y eso también lo menciono en el libro.

En ese momento, el Estado gobernaba con una dictadura, en su estructura, mucho más monolítica que la argentina. Porque desde que empezó hasta que terminó siempre hubo un mismo presidente y no hubo una estructura  que pudiera mover a Pinochet.

La participación chilena fue importante. Tan importante que Margaret Thatcher, cuando Pinochet se va a operar a Europa y el juez Baltazar Garzón pide su detención internacional, logra que lo liberen y luego existe una reunión, que está grabada, donde le da las gracias por todo lo que los ayudó durante la Guerra de las Malvinas.

¿Es difícil hacer ficción sobre un tema tan sensible como Malvinas?

Tiene su complicación, pero más que el tema Malvinas en sí, porque lo toco como tema de fondo, lo que más me costó abordar para evitar herir susceptibilidades fue el tema de los derechos humanos porque el accionar se da durante una etapa de represión.  Porque al fin y al cabo es el estado nacional el que utiliza todos los elementos a su disposición para violar los derechos humanos y es un tema que se deja bien en claro en el libro.

¿Qué tipo de testimonios tuviste en cuenta? Tu acercamiento a ciertos círculos militares debe haber sido valioso.

Varios. Algunos son nombrados y otros no. Las fuentes nacionales me permiten mostrar una serie de cosas que la gente conoce muy poco o no conoce y que son elementos trascendentales de la política argentina de ese momento. A ellos accedo a través de contactos militares. Provengo de una familia de tradición militar que cuando sucedió el golpe ya se había retirado.

Yo tenía conocimiento por fuentes de cosas que son sabidas. Una de ellas es la alianza estratégica entre Argentina y la Unión Soviética y que se dio incluso durante el conflicto. 

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