Lucila Juárez, más allá de un apellido

Con apenas 12 años, a Lucila Juárez el plan no le salió tal como lo había pensado. La idea era que Rubén, su papá, llegara a la escuela con su blanco bandoneón para ayudar en una rifa solidaria que les permitiera juntar la plata del viaje de estudios desde Buenos Aires a Carlos Paz.  

A Rubén no le pareció mala la idea. Sólo había que juntar unos pesos para pagar el traslado de los músicos y sus equipos. Pero esta vez, como casi nunca en su carrera, se paró frente a Lucila e impuso condiciones para el show. “Yo lo hago, pero vos cantás. Sino no voy”, le dijo.

En ese momento Lucila no lo pensó de esa manera, pero esa rifa escolar de 1993 fue el comienzo de su carrera sobre los escenarios. Como no podía ser de otra manera se dio al lado de Rubén y entonando un tanguito nostálgico. “Me iluminó el reflector y empecé a cantar sin pensar en nada. Quedé abstraída de todo, dura”, se acuerda.

Son las 19:30hs del miércoles 22 de enero de 2014 y la charla con Crónicas del Día se da en un bar del complejo Luxor.  Veinte años después de aquella experiencia, Lucila retornó a Carlos Paz, pero firmando contrato con Stravaganza, una de las mejores compañías de teatro que ofrece el verano argentino.

¿Cómo te trata el verano?

Con mucho trabajo. Contenta. La temporada empezó rara, como que no iba a ser lo mismo del año pasado. Pero cambió y ahora, casi a finales de enero, estamos festejando los 50 mil espectadores. Apuntábamos a poder hacer dos funciones de martes a domingo y lo conseguimos.

¿Cómo llegaste a Stravaganza?

En el año 2010, previo a que falleció mi papá, me fui a hacer una temporada a Camborió con la producción y dirección de Flavio Mendoza. Me convocó Romina Propatto (ex codirectora de Stravaganza), que fue la que hizo todo el armado el espectáculo. Se llamaba Showtime y era un music hall que encabezábamos el Mudo Esperanza y yo. Apenas volví ese verano, sucedió lo de mi papá.

Después, en septiembre, me avisan de un casting en Buenos Aires en el teatro Broadway. Me pidieron que grabe un demo en varios idiomas. Así que me presenté con una pista con cinco temas, y cuando llega mi turno, en el momento que pongo la pista se rompe, y tuve que cantar todo a capela.  Me acuerdo que tardaron 10 días en elegir a la cantante, en los que me comí las uñas hasta la cutícula, hasta que me llamaron y me dijeron que iba a ser parte del espectáculo Stravaganza.

En ese momento yo iba a acompañar a Nacha Guevara, pero aparentemente no les cerró la artística que se proponía. Además pasaron Jorge Moliniers y Coqui Ramírez, que también se bajaron y fui quedando sola hasta convertirme en la voz de Stravaganza.

Una Juárez, lejos de los bandoneones, en medio de un espectáculo casi circense ¿Te sentís cómoda con tu papel?

Sí, yo venía haciendo tango en los últimos años con mi papá, pero era tango fusión. No es que no me guste el tango originalmente, sino que estoy siempre en la búsqueda constante, porque me gusta todo tipo de música. Yo creo que en el tango me metí por una cuestión de acércame a mi viejo, pero ya antes había experimentado haciendo pop y cantando de todo. De hecho, en los espectáculos con mi papá, en la primera parte cantaba música internacional y después hacía dos tangos. O sea que nunca me terminé de cerrar a un solo género. Obviamente me relacionaron, sobre todo el primer año, con mi papá. Ahora pude revertirlo y la gente primero me reconoce como la cantante de Stravaganza y después como la hija de Rubén Juárez.

¿Tomás eso como un logro?

Yo creo que sí. Me da cierta añoranza. Es raro. Toda mi vida fui la hija de, aunque siempre traté de hacer las cosas bien para demostrar que estaba ahí por algo, y no por el apellido. Jamás logré un lugar por el apellido, de hecho, siempre hice el camino más largo. Creo que es un logro porque siento que trascendí el apellido.

Está claro que en tres años es importante sostener en el tiempo el lugar que te dan en una obra de teatro y tener ese tiempo para demostrar lo que sos.

 

El camino. Adentro de Creambury el aire acondicionado disimula el calor abrazador que sufren las decenas de turistas que afuera hacen cola para conseguir una entrada para Stravaganza Water in Art, el espectáculo en el que Lucila hizo famosa “La fuerza del agua”.  Es el tercer año de un éxito rotundo que derribó todos los records de boletería y que en Carlos Paz triplica las ventas de cualquier otra obra.

¿Es cierto que viviste y cantaste en Tailandia?

Sí. Yo estaba viviendo entre Buenos Aires y Carlos Paz. Un día estábamos con una amiga haciendo papel mache, a las diez de la noche y tomando mates en mi casa. Me llega un mail, porque yo me había anotado dos años antes con un grupo de músicos de Mar del Plata para participar de los cruceros. Quería vivir esa experiencia laboral. La mujer que nos convocaba para los cruceros, me manda un mail donde me dice que necesita urgente definir una cantante para ir a Tailandia en 20 días.  Me dice que pensó en mí, porque la chica que estaba antes tuvo un problema familiar y se bajó. Vuelvo a la mesa y le cuento a mi amiga, que me dice que les diga que sí. “Pero es para irme en serio”, le digo. “Decile que sí, te va a cambiar la vida”, me insiste.

Instantáneamente me llega otro mail en el que me piden urgente un demo mío. La cuestión es que en 48 horas me confirmaron que a los 20 días tenía que viajar a Tailandia.

Me acuerdo que mi viejo estaba de gira por el Chaco. Hablamos por teléfono y le cuento que me voy a Tailandia. Me acuerdo que me dijo “Vos no te vas a ningún lado”. “Papá, no te estoy consultando, te estoy avisando que me voy”, fue el diálogo que tuvimos. Y hasta que no llegué a Bangkok no caí.

Pero fue una experiencia que realmente me cambió la vida, porque es todo muy distinto. Fue la primera vez que tomé una decisión sola, porque mi papá era como mi manager. Allá cantaba en inglés, en francés, en italiano, en portugués y en español.

¿Qué te dejó esa experiencia?

Yo creo que crecí mucho a nivel personal porque estuve lejos por mucho tiempo, hablando en otro idioma todo el tiempo. Al estar tan lejos y al ser situaciones tan distintas es como que estás todo el tiempo con vos misma. Crecí en lo personal y todo lo personal también se traslada a lo profesional. Volví y me sentía Lucila, ya no Lucila Juárez.

¿Te permitís pensar más allá de Stravaganza?

Si, de hecho estoy en un proyecto paralelo a Stravaganza, que es mi disco, que lo pienso hacer en Córdoba. Me quedo este año a vivir acá y voy a viajar para la gira de Stravaganza. Al disco lo voy a hacer íntegramente acá y lo quiero presentar en Carlos Paz. Con Stravaganza tengo contrato hasta 2015 y me idea es aprovechar al máximo este espectáculo, que disfruto mucho hacer porque para un artista es importante tener la continuidad de trabajo, que es la única forma que uno tiene de foguearse y crecer.  Cuando lo termine, me llevaré mis discos a la gira y cuando tenga tiempo haré recitales.

¿El disco es el comienzo de una carrera como solista?

No lo pensé como un comienzo, en realidad es algo que necesito hacer. Y después veremos qué pasa. Quizás es el comienzo de algo.

¿Pero no tenés pensado un camino artístico que te gustaría transitar?

En realidad, lo que tengo pensado es adonde quiero llegar. Desde que tengo uso de razón siempre quise ser cantante. Y uno pasa por instancias de mucha ilusión, como cuando conocés a un productor, firmás con una discográfica o cuando alguien te promete cosas. Y a medida que vas pasando por diferentes instancias te vas dando cuenta que hay un montón de ilusiones que se caen. Entonces hay que tener los pies muy firmes sobre la tierra para ver que hay muchas cosas que me propuse y no conseguí, pero que de la misma manera conseguí otras tantas que tal vez no había imaginado.

Lo que es mediano y corto plazo es tan efímero, que no te podés colgar de ninguna ilusión. Yo firmé con Sony y sin embargo no me permitió llegar a nada, porque te das cuenta que prima más el negocio que la producción de un artista.

¿Que heredaste artísticamente de tu papá?

La vocación y ser gente con lo que hago y con mis compañeros. También el ser fiel con mis propios ideales y trabajar para eso. Y por supuesto la pasión por lo que hago. Me puedo estar muriendo o con algún problema, pero a cantar salgo igual

¿Adónde querés llegar en tu carrera?

Quiero que mi música deje algo más allá de lo estético y de lo armonioso de una melodía o una letra. Me gustaría que mi música dejara un mensaje. Que la gente se quede con algo que la identifique.

¿Cuándo vamos a ver tu disco en la calle?  

Si yo lo pudiera, lo sacaría a finales de mayo, cuando se cumplan los cuatros años de que falleció mi viejo. Si llego, lo haría ese día.     

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