El camino de la droga

El cargamento de 243 kg de cocaína secuestrado en 2009 en La Banda. (Foto: DyN)

El mediodía sofocante del jueves 19 de noviembre de 2009 marcó el final el operativo Infierno Blanco. Los gendarmes, que seguían al detalle el recorrido de un camión Ford 350, recibieron la orden de interceptarlo en una rotonda sobre la Ruta 64, a la altura de la localidad de La Banda,  a mitad del trayecto entre la capital de Santiago del Estero y Frías. El conductor era Alejandro Víctor Sarmiento, un cordobés de Capilla del Monte que en 2003 ya había purgado una pena por tráfico de estupefacientes.

Los oficiales frenaron el vehículo antes que Sarmiento intentara alguna maniobra de escape, y comenzaron la requisa. Como se sospechaba, en una doble pared dentro de la caja, eran transportados 252 paquetes rectangulares que contenían un total de 243 kilos de cocaína de un grado de pureza inusitada en los operativos que se llevan realizados en el país. También se secuestraron más de 20 kilos de pasta base, utilizada como moneda de pago en pasos fronterizos y controles de rutina. El destino era el Valle de Punilla cordobés.

Sarmiento, en realidad, había sido elegido como transportista porque no era un rostro conocido para los gendarmes que patrullan las rutas, como tampoco lo era su camión, un aspecto clave al momento de no levantar sospechas en los controles. La investigación terminó por corroborar lo que ya se sabía: había sido contratado por los hermanos Carlos y Martín Ferreyra, aún prófugos de la justicia e integrantes de un clan salteño que maneja todos los hilos del narcotráfico en aquella provincia.

El arresto de Sarmiento no sólo sirvió para incautar uno de los cargamentos de cocaína de mejor calidad que se haya visto durante décadas, sino también para que el fiscal federal Ricardo Toranzos terminara de trazar los caminos de la droga en Argentina, con la Ruta 38 y Córdoba como ejes centrales de su recorrido.

 

La Ruta. En los caminos que transita la droga latinoamericana hay centros de producción, puntos de acopio, líneas de distribución, oferentes locales y compradores europeos. Así se desarrolla, con mecanismos muy bien aceitados, un negocio tan oscuro como multimillonario.

El mapa que trazó la justicia salteña, clave en esta investigación, determinó que la droga que ingresa al país lo hace proveniente de Colombia (Cali y Medellín), Bolivia (Santa Cruz de la Sierra y Tarija) y Asunción del Paraguay.

Rara vez ingresa por tierra. En los últimos años se han comprobado más de una centena de vuelos rasantes ilegales desde donde son arrojados los paquetes con droga en descampados alejados de centros urbanos.  Monte Quemado, cerca de Santiago del Estero y Salvador Mazza, en el límite fronterizo con Bolivia, son los lugares más buscados por los vuelos narcos.

Allí son recogidos por vaqueanos y rápidamente trasladados en camiones. Pasando por la capital de Santiago, el recorrido se extiende por la Ruta 64 hasta Frías y de allí hasta Córdoba por la sinuosa Ruta 38. ¿Por qué no la Ruta 9 Norte, que es mucho más directa?

“Porque en los últimos años Gendarmería endureció los controles. Además, la Ruta 38  cuenta con mucho más poblados que permiten ir repartiendo la carga”, explica a Crónicas del Día el legislador y abogado cordobés, Aurelio García Elorrio, un estudioso de las redes del narcotráfico en esta provincia.

Una vez en Punilla, la carga se fracciona antes de continuar el viaje. Un 90% de lo que entra a este suelo sólo permanece algunas horas mientras que el 10% restante se queda para el consumo local.

Desde Córdoba, la droga transita el tramo final hacia el puerto de Buenos Aires o también a Chile, para ser exportada a Europa a través de barcos, cuando las cargas son significativas, o en aviones de línea en algunos casos.

Mafia de exportación.  Aunque la cocaína, producida íntegramente en Latinoamerica, tiene sus redes bien aceitadas en este continente, la salida a Europa se fue dando progresivamente con la participación de mafias de aquel continente que comenzaron a tejer relaciones con los narcos locales.

Francesco Forgione, un diputado comunista de Calabria, Italia, había advertido en 2010 que la organización criminal La Ndrangheta había desembarcado en América Latina y que importaba desde Córdoba, Argentina, cocaína de máxima pureza producida en Colombia y Bolivia.

“No operan trayendo mafiosos italianos a nuestro país ni mucho menos. La droga es exportada por los narcos locales con los que hacen negocios”, explica Sebastián García Díaz, ex secretario de Prevención y Lucha contra el Narcotráfico de Córdoba, que tuvo que abandonar su cargo después de denunciar la “favelización” que la droga había comenzado a producir en varios puntos de este territorio.

En 2007, según la última investigación que publicó la Dirección de Investigación Antimafia de la Policía de Italia, La Ndrangheta había obtenido ingresos por 44 millones de euros en concepto de narcotráfico, contratos públicos, prostitución, extorsión y usura y tráfico de armas.

 

Más lejos, más cara. Mientras más kilómetros haya que recorrer para que llegue a destino, el precio de la cocaína se incrementa exponencialmente.

Dependiendo de los lugares de producción y de la pureza, la cocaína llega al país a unos mil dólares el kilo. Una vez en territorio argentino, los precios varían. En Buenos Aires el kilo se cotiza en unos 6 mil dólares de acuerdo a las investigaciones de la justicia salteña. Una suma elevada, aunque pasa a segundo plano al lado de los 40 mil dólares que se paga en España.

“Nadie envía un camión con 2.000 kilos de cocaína a transitar por las rutas argentinas para llegar al puerto de Buenos Aires o al Aeropuerto de Ezeiza y embarcar hacia España o Italia, sin tener garantías de impunidad en el más alto nivel. Los narcos no toman semejante riesgo sin una cobertura estructural del poder”, sostiene García Díaz, que mientras estuvo a cargo de la repartición provincial estimaba en unos 200 millones de dólares el negocio del narcotráfico en Córdoba.

“O se paga con droga o se paga con dinero, pero siempre al contado. Si no hay pago, la mercadería no pasa los controles policiales”, agrega Díaz.

La connivencia de uniformados con narcotraficantes terminó por descabezar la cúpula policial de Córdoba y mantiene en jaque al menos a seis oficiales de Drogas Peligrosas, hoy detenidos y esperando una resolución de la Justicia.

Luis Domingo Arguello, un detenido en la UP1 de Córdoba que se sumó a las denuncias a funcionarios y policías, aseguró que en el interior de la cárcel de San Martín se venden entre 100 y 200 mil bolsas de marihuana a un precio de 10 pesos la unidad.

 

Consecuencias. “El paso la droga por Punilla está dejando consecuencias devastadoras para los poblados que se encuentran al costado de la Ruta 38”, afirma García Elorrio.

En La Cumbre, según las denuncias que registra la Policía, el grado de consumo creció sideralmente a partir de las facilidades para el acceso a la droga. El barrio San Jorge, entre La Falda y Valle Hermoso,  llegó a tener los índices de suicidio infantil más elevados del país. Cosquín encabeza las estadísticas de violencia familiar, aun cuando no es la ciudad demográficamente más importante del Departamento.

“En el caso de Carlos Paz existe un doble problema. Los principales gerentes de la droga viven allí, y por lo tanto concentra muchos clientes que a diario llegan para comprarla. A esto se suma que al ser un lugar con mucha vida nocturna y turismo juvenil, la demanda se dispara”, señala Elorrio.

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