Dictan preventiva a la anciana acusada de ahorcar a su esposo de 81 años

A las 21:30 hs del 17 de abril de 2012 Mirtha Edis Fassano (78) abandonó su casa de calle Belgrano, en la ciudad cordobesa de Laboulaye, y se dirigió al Casino, como solía hacerlo los fines de semana, aunque esta vez era martes.

En las tragamonedas estuvo sentada hasta pasada las 1 de la mañana del miércoles y luego emprendió el regreso. Lo hizo tranquila, caminando, repitiendo exactamente el trayecto de la ida.

Cuando abrió la puerta de su casa, la imagen del comedor era aterradora. Sentado, pero con el torso superior recostado sobre la mesa, yacía el cuerpo de Miguel Milanesio, de 81 años. Tenía una bolsa de nylon en la cabeza, una soga que le apretaba el cuello y a un costado una caja de económico vino blanco casi vacía.  Miguel fue su tío y luego su esposo, cuando contrajeron matrimonio el 5 de abril de 2011 “por una cuestión de conveniencia en las jubilaciones de ambos”, según reconocieron los familiares del fallecido.

La mujer llamó a la Policía, desconsolada, bajo una crisis de nervios. Mientras los médicos forenses revisaban la escena, Mirtha no paró de gritar un segundo. Era un final abrupto que parecía sorprenderla.

 

Cambio de rumbo. Apenas el cuerpo de Miguel llegó a la morgue, las primeras pericias indicaron que podría tratarse de un extraño caso de suicidio, como pocas veces se había visto en los últimos 30 años. Un hombre profusamente sedado, de edad avanzada, pero con la fuerza suficiente para tirar de una soga y ahorcarse.

Pero la autopsia y la pericia de los forenses comenzaron a revelar detalles que terminarían por comprometer a Mirtha Fassano, una abuela de mirada inquietante que pisa las ocho décadas. De la causa se desprendió que antes de partir hacia el Casino, la mujer dejó sobre la mesa la medicación que Milanesio tomaba a diario por problemas de tiroides y dolores en los huesos.  Una al lado de otra, le acomodó una dosis de Tafirol, una aspirineta, Lotrial y Fosetil. Y sin que su esposo lo notara, vertió unos 10 ml de clonazepam (rivotril) en la taza de café con la evidente intención de dejarlo inconsciente. Para despejar sospechas, el frasco con los 10 ml que quedaban lo colocó en una caja de medicamentos con otro nombre y lo arrojó a la basura.

Mirtha estaba segura que al volver del Casino su marido estaría desplomado y sin reacción.   

“Al llegar a su vivienda y encontrándose con que Miguel Milanesio se encontraba sentado en una silla del comedor,  inconsciente por los efectos del Rivotril previamente suministrado de manera proditoria e insidiosa, y sin posibilidad alguna de defenderse u oponer resistencia, la imputada Mirtha Edis Fassano, …le colocó en su cabeza dos bolsas de nylon y ató las mismas con un cordón en la parte de la nuca del cual tiró en forma ascendente y por encima del hioides provocando con ello un pequeño surco de ahorcamiento en región anterior del cuello que deja impronta de 0.3 cm. de ancho causándole de esta manera un paro cardiorrespiratorio debido a asfixia por sofocación”, detalla, textualmente, la investigación que llevó adelante el fiscal Enrique Berger.

Para intentar desairar a los pesquisas, la mujer colocó dos copas con vino y una caja de vino blanco. La intención era simular la escena de un suicidio post borrachera.

 

Pruebas. Las dudas respecto a un hipotético suicidio de Milanesio comenzaron a despejarse desde la misma posición en la que quedó el cuerpo sin vida.

“…lo más lógico sería que se hubiera caído de la silla producto del estado de convulsión en el que entra cualquier persona que está sufriendo una asfixia”, indicó el facultativo que intervino en el caso y aclaró que “al momento de realizar la autopsia le dio la impresión que si fuera un suicidio, sería atípico, ya que resulta a todas luces imposible que alguien se ´suicide´ tirando con su propia mano de la soga”.

Las pericias también apuntaron contra la conducta post morten de Fassano, que contrario a la reacción de cualquier persona al observar un caso de asfixia de estas características, en ningún momento intentó quitarle la bolsa de la cabeza.

“Lógico hubiera sido que al encontrar Fassano a su esposo con una bolsa en la cabeza, se la hubiera sacado, sin embargo inexplicablemente se la dejó.  La experiencia forense –judicial- en estos casos indica que cuando una persona encuentra a un familiar  -inclusive a un tercero- con una bolsa en la cabeza se la saca, cuando lo encuentra colgado de una soga lo baja, hasta muchas veces borrando prueba que es de suma importancia para la investigación judicial”, agregó el especialista.

 

Por codicia. A partir de la prueba recolectada, el fiscal Berger ordenó la prisión preventiva para Fassano, que afronta una imputación de “homicidio calificado por el vínculo agravado por alevosía y codicia”.

Este último agravante resulta clave para entender la causa. En principio, Fassano habría asesinado a su esposo para heredar, junto a su hijo, unas 30 hectáreas de campo y un pago de unos 30 mil pesos mensuales que Milanesio recibía en concepto de alquileres y otros ingresos.

Además, se estudia un robo reciente que el fallecido sufrió cuando había recibido uno de los últimos cobros. En este sentido, tampoco se descarta la participación de Ángel Vargas, testigo en la boda de Fassano y a la vez su amante, con quien mantenía una relación sentimental desde hacía unos cuatro años.

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