Una historia sin dueño

Hay unas piernas de mujer que asoman en la parte inferior de una de las fotografías. Tal vez sean de la dueña de la cámara.  En otra foto se observa a un joven, probablemente estudiante universitario, de barba incipiente, anteojos, sentado y hablando por celular, quizás en la mesa de un bar de Nueva Córdoba. Parece cerca de Plaza España, pero el fondo no ofrece muchas pistas. También hay otra imagen de un balcón, en lo alto de un típico edificio de estudiantes en la capital provincial.

Con esto cuenta Luciano Vanetti, un joven de 21 años que por estos días se avocó a una tarea más vinculada a la de un detective que a la de un estudiante de publicidad de la Metro. El objetivo es encontrar al verdadero dueño de la cámara, una Nikon D5100, robada el domingo pasado y que en Mercado Libre se cotiza a unos 7 mil pesos.

Es una historia mínima, de esas que suceden de vez en cuando, pero que la masividad de las redes sociales permite difundir y puede ayudar a encontrarle el final esperado

Así empieza.  Eran las 20:30hs del domingo 1 de septiembre. Luciano esperaba el colectivo en la esquina de Chacabuco y Obispo Oro, en el barrio Nueva Córdoba de la capital provincial. Volvía de la casa de un amigo cuando notó movimientos extraños del otro lado de la avenida. Dos sujetos, uno visiblemente adulto y otro más joven, corrían, como desorientados, y mirando hacia los cuatro puntos cardinales. Se frenaron y quedaron casi a la misma altura que él, que los observaba desde la vereda del frente.

Apenas unos segundos pasaron hasta que irrumpió un delivery, que les cruzó la moto y empezó a gritar que se trataba de dos ladrones. Al parecer, los vio en pleno atraco y desde entonces los empezó a perseguir.

“En eso estos dos tipos cruzan la calle y quedan en el cantero del medio de Chacabuco. Yo escucho que el tipo de mayor edad le dice al otro que corra y que desaparezca. Ahí es cuando yo me fijo y veo que el más joven tenía una mochila y el otro no”, cuenta Luciano a Crónicas del Día.

Entonces tomó una decisión y comenzó a perseguir al que llevaba la mochila, donde estaba el supuesto botín con el que huían después del asalto.

“Lo corrí media cuadra y ahí lo agarre. Cuando lo agarro me tira la mochila en los pies. Yo me freno y lo dejo ir. Era menor, no tenía sentido detenerlo si esa misma noche iba a salir de nuevo”, relata.

Inmediatamente Luciano buscó refugio entre la gente que a esa hora transitaba la avenida y empezó a hurgar dentro del bolso. Notó que había ropa y, lo más importante, una costosa cámara de fotos profesional.

“La mayoría me aconsejo que me fije que hacer para devolverla, pero que si se la daba a la policía nunca iba a llegar al dueño. Entonces ahí es cuando decido ir rápido a casa y escribir lo sucedido para que se difunda”, sigue.

Mochila al hombro, volvió a su casa y comenzó lo más interesante de la historia.

Cómo devolverla. Luciano empezó a analizar las posibilidades. Quedarse con la cámara y aprovecharse de la situación nunca estuvo en los planes. Entonces habría que ver cómo encontrar a su dueño.

La manera era difundir lo que había pasado, utilizando su cuenta de Facebook y ver si el dueño de la cámara la reclamaba. Lo intentó un par de días y nada. Sólo comentarios de amigos y alguna que otra consulta de desconocidos. Entonces había que ir por más.

“Soy consciente de lo que se puede hacer por internet. En realidad, la intención no era abrir la cámara y mirar las fotos, porque me parecía que era invadir la privacidad”, señala el hombre de esta historia.

Pero tuvo que hacerlo. Luciano comenzó a indagar en las fotos y a buscar imágenes que sirvieran para identificar a su dueño. En realidad no había mucho. Unas piernas de mujer que se dejan ver en una imagen, que le hacen suponer que podrían ser de la dueña de la cámara. Un joven de lentes que aparece en varias fotos, posiblemente el novio de ella. Y nada más.

A partir allí, la respuesta fue masiva. Las fotos comenzaron a compartirse como un virus y la búsqueda de Luciano cobró una relevancia inusitada. Los que preguntan por la cámara, primero deben demostrar que saben el número de serie de las fotos o, en todo caso, brindar una descripción muy precisa de lo que se observa en la imagen

“Muchísima gente empezó a pasarme números de serie para ver si tenían suerte y era la cámara que les habían robado a ellos. Pero lamentablemente ninguno coincidió hasta el momento. Además de eso, mucha gente de Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán y otros lugares empezó a escribirme preguntando si era de aquellas provincias. El mensaje se fue para todos lados”, cuenta Luciano, que al mismo tiempo recibió cientos de felicitaciones por su actitud.

Aunque hasta el momento el dueño sigue sin aparecer, el joven protagonista asegura que no tiene intenciones de apropiarse de la cámara. La tendrá el tiempo que sea necesario, hasta que alguien demuestre con pruebas concretas que fue la víctima del asalto. 

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