Cajas de estudio

A pesar de sus 15 años, Julieta se ve como una gran veterinaria. Es una vocación que le nació de su amor por los animales y que la hereda de una tía materna. En su casa, al pie de las sierras, convive con cuatro perros, dos gatos, un conejo, dos tortugas y hasta un zorrito, que llega sigiloso por las noches para robar la comida de los canes.

Sabe que lo va a conseguir. Pero antes, le quedan tres años del secundario en el Anexo del Colegio Superior Roque Sáenz Peña de la comuna de San Roque. Un camino habitual para cualquier adolescente y  que no debería representar mayores complicaciones para una alumna aplicada como ella. 

Pero hace tiempo que en esta localidad que bordea el lago San Roque las clases no son lo que solían ser. El crecimiento poblacional y la falta de inversiones volvieron obsoleta la escuela y hubo que acudir a las aulas móviles para los seis turnos repartidos entre la mañana y la tarde.

Las aulas móviles, como se las describe en los informes oficiales que envía el Ministerio de Educación de la Provincia, en realidad son containers de gruesa chapa, provistos de energía eléctrica por medio de un cableado rudimentario y sin la infraestructura básica.

En general, constan de tres pequeñas ventanas laterales, una puerta de acceso y capacidad para unos 20 pupitres. En invierno llegan a ser tan frías que obligan a retrasar el comienzo de la jornada matinal porque, en el interior, las bajas temperaturas recrudecen aún más.

En verano, cuando la aguja del  termómetro asciende por encima de los 30 grados, mejor optar por clases al aire libre, para evitar descomposturas por el calor sofocante.

“En nuestra escuela tenemos la fortuna de tener un patio arbolado y en verano trasladamos la clase al aire libre porque es insoportable el calor dentro de las aulas”, cuenta a Crónicas del Día  Pablo Angulo, profesor del Ipem 332 de Parque Síquiman. Aquí se repitieron los reclamos, cortes de  la ruta 38 y el pedido a las autoridades. Tener clases dentro de contenedores es tan complicado como compartir una batería de baños químicos entre más de una centena de estudiantes.

 

Quedan muchas. De acuerdo a un informe que elevó la Provincia a la Legislatura, en todo el territorio cordobés quedan 83 aulas contenedores que albergan a unos 1.500 alumnos distribuidos en 33 escuelas.

 “Todavía tenemos 33 escuelas con contenedores en la provincia, sobre un total de 3.400 edificios escolares. Las aulas móviles son un recurso temporal en casos en los que no tuvimos alternativa. Cuando decidimos demoler una escuela, como la Ricardo Rojas, no es fácil encontrar espacio adecuado para ubicar a todos esos chicos. Los plazos dependen del avance de la obra más que de nosotros”, explicó al diario Día a Día el ministro de Educación Walter Grahovac.

2013 comenzó con 118 aulas móviles repartidas en 41 colegios y difícilmente concluya cumpliendo los anuncios oficiales de un 2014 sin clases en contenedores. Hay algunos casos, como el Anexo de San Roque y el Ipem de Santa María, en los que las obras están avanzadas y podrían concluirse en el transcurso del próximo verano. En Parque Síquiman, recién la última semana se acordó la sesión de un predio comunal, pero todavía no hay indicios de que comience la construcción del nuevo edificio.

Así no. “Este tipo de estructuras  violan todos los derechos que se desarrollan como principios de la educación y atentan contra la idea de la escuela como como organizadora social”, plantea Gustavo Molina, docente y delegado departamental de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC).

En Siquiman, las dos aulas móviles no sólo sirven para el dictado de clases, sino que además se utilizan para dar de comer a los chicos.

“No es fácil. Los días de mucho frío, como los que tuvimos hace algunas semanas, no tenemos luz, porque al ser una conexión domiciliaria no alcanza para alimentar a los split que calefaccionan las aulas. La demanda hace saltar los tapones de la luz y hace poco tuvimos que llamar a Bomberos porque se prendió fuego el poste de energía que alimenta el predio”, cuenta Angulo.

Según el proyecto de la Provincia, 2014 debería recibirlos con una superficie cubierta de 500 metros cuadrados, pero los días pasan y la obra no comienza. 

“Los tiempos no se van a poder cumplir. Es mucho lo que hay por hacer”, agrega el docente. La escuela tiene 136 alumnos y decidió mantener la matrícula en stand by hasta que no haya certezas sobre la nueva edificación.

En Santa María, el Ipem 157 cuenta con 10 aulas móviles que en época de lluvias obligan a suspender las clases por el riesgo de electrocución debido a que el abastecimiento eléctrico no cuenta con una base a tierra.

El último verano, esta escuela se vio en el centro de la polémica después de que la Provincia avalara el traslado de los aires acondicionados para ser usados en los camarines del festival Cosquín Rock.

“Mientras los equipos no estaban, aprovecharon los huecos que quedaron en las paredes para ingresar a las aulas y hace destrozos”, cuenta Molina.

“Llegamos a medir la temperatura adentro del aula, y tuvimos hasta 8 grados bajo cero”, asegura Sonia Ystecahndu, docente del Anexo de San Roque, que funciona con dos espacios comunes y dos contenedores.

Dependiendo la cantidad de alumnos, como las aulas móviles tienen una capacidad reducida, a veces es necesario dividir los cursos.

“Hay chicos que van al colegio día por medio, porque no entran todos en las aulas”, sostiene la legisladora del Frente Cívico Liliana Montero, que realizó el relevamiento en las escuelas de Punilla.

“Habían prometido erradicar este tipo de establecimientos pero no lo van a poder lograr. Se aducen problemas de financiación de las obras cuando con lo que se gasta en pauta publicitaria desde la Provincia se podrían construir las escuelas que faltan”, afirma.

Compartir

Últimas Noticias