Una refundación con manos cordobesas

Hay una Universidad del Monte a punto de nacer. Está pensada, exclusivamente, para que los pobladores originarios del norte argentino dispongan de las herramientas indispensables para enfrentar el sistema con algo más que su sangre y cortes de rutas.

Hay un proyecto denominado Agua Buena, que cavó los primeros tres pozos para extraer agua subterránea, de calidad más apta para el consumo humano de la que se consigue en los ríos marrones y contaminados que surcan la región.

Hay un hospital Móvil llamado Salvador Mazza, como aquel sanitarista de principios del siglo pasado, que brinda asistencia médica a poblaciones enteras que jamás tuvieron acceso a un profesional de este tipo.

Hay una Comisión Nacional encargada de investigar el genocidio indígena, silencioso y letal, que se llevó tantas o más vidas que la represión oficial que cuentan los libros de historia.

Hay viveros, roperos y farmacias comunitarias para que los pobladores puedan volverse autosuficientes y generen sus propios recursos. Hasta un cine está en proceso de creación, así las comunidades pueden conocer más acerca de los problemas que comparten con otros habitantes originarios.

Y detrás de cada uno de estos proyectos hay un grupo de cordobeses, profesionales y voluntarios, que decidió arriesgar la comodidad de sus hogares y escritorios para lanzarse a una transformación pacífica que tiene como actores principales a las comunidades wichis y Qom del norte argentino, especialmente del Chaco Salteño y formoseño. 

El esfuerzo lo lleva adelante la Fundación Deuda Interna junto a un grupo de colaboradores.  Hay médicos de Carlos Paz, de Córdoba, y voluntarios de varios puntos de la provincia y el país. Están detrás de lo que llaman "una refundación del estado argentino".

“Padecen todas las emergencias que se te ocurran - cuenta el médico Emilo Iosa, al frente de la ONG cordobesa que posó la mirada en el norte argentino. Tienen emergencias sanitarias, hídricas, culturales, de todo tipo.  La situación por la que atraviesan las poblaciones es tremenda y a la vez crítica”.

El avance de la explotación agrícola acorraló a los habitantes, que paulatinamente fueron perdiendo sus recursos principales de subsistencia. Hoy apenas viven de la pesca que les permiten los ríos y de la venta de artesanías talladas en madera,  un don con el que nace cada wichi.

“Recalamos en el norte después de analizar durante mucho tiempo hacia dónde apuntar con Deuda Interna. Cuando vimos cuál era la situación sanitaria y cultural de los pobladores, entendimos que debíamos colaborar, siempre sin realizar ningún tipo de asistencialismo. Lo que se necesita es una refundación de nuestro estado”, explica Iosa.

La presencia de la Fundación es la de muchos voluntarios cordobeses que se fueron sumando al proyecto. Daniel Ribetti, un cineasta de Carlos Paz, Ariel Gómez, un médico de esta ciudad que atiende guardias en el Funes, Mariana Calvo, una docente de José de La Quintana, Mario, que maneja el camión, y hasta hace poco, nada menos que la reconocida abogada de Derechos Humanos, María Elba Martínez, quien falleció la última semana después de padecer un cáncer terminal. Sumados, los que ayudan son más de 300 que aparecen cada vez que la rutina les da un respiro.

“En realidad, cuando llegamos allá todos dejamos nuestras profesiones y nos transformamos en seres humanos al servicio del prójimo. Hacemos de comer, cavamos pozos, colocamos bombas para la extracción de agua. Es una experiencia que es necesario vivirla”, explica Iosa.

Cada uno de los proyectos, en realidad, es parte de un anhelo integral, que es terminar con la opresión de medio millón de habitantes originarios que hoy subsisten a pesar de las condiciones de vida a la que son sometidos.

La capital wichi. La tierra que invade el aire de Misión Chaqueña sabe a lucha y desencanto. Los ríos fluyen con la sangre de los caídos y en las noches la luna cuenta, una y otra vez,  las historias ancestrales que marcan la conducta de cada uno de sus habitantes.

Misión Chaqueña es un poblado sereno que no se cansa de luchar y de resistir los embates de la soja y la explotación petrolera. Está formado íntegramente por wichis, habitantes originarios del norte argentino que hoy pelean para no ser desposeídos de sus tierras.

La resistencia lleva siglos con un saldo altamente negativo para sus pobladores. En el camino quedaron extensas porciones de bosque nativo que fueron resignadas a terratenientes y decenas de miles de vidas que se perdieron en una lucha tan desigual como incomprensible.

Apenas comenzó con su trabajo de campo, la Comisión Nacional para el Resarcimiento de los Pueblos Originarios encontró los restos óseos de algunos wichis que cayeron en manos de la represión estatal. Son fosas comunes, cavadas a la vera de los ríos, a tan poca profundidad que hasta algún perro inquieto podría descubrirlas.

Los wichis protestan y reclaman pero no cuentan con las herramientas básicas de la burocracia. Sin representantes en los pasillos de la Justicia, la única manera de hacerse ver es cortando las rutas, la más antipática de las medidas.

“No llegamos con la idea de un asistencialismo ni nada que se le parezca. Porque la solidaridad es un arma de doble filo. La idea es caminar codo a codo, juntos, con proyectos que sean independientes de nuestra presencia. Trabajamos para que en el mediano plazo ya no nos necesiten”, sostiene Iosa.

Apoyo. El trabajo va más allá de suelo chaqueño. Los convenios que fue logrando Deuda Interna le permitieron proveerse de herramientas para mejorar las prestaciones en las zonas más conflictivas. La última adquisición fue un tráiler donado por la Justicia de Córdoba para optimizar los servicios del Hospital Móvil Salvador Mazza. Además, los primeros tres pozos del proyecto Agua Buena fueron posibles gracias al aporte de 20 pesos mensuales que recibe la fundación a modo de donaciones.

Lo que sigue es la Universidad del Monte, una herramienta considerada esencial en la formación cultural y la resistencia de las poblaciones, y para la que ya hay varios interesados en cooperar.

“El proyecto surge de una idea primaria que teníamos, para que los pobladores conocieran más sobre los derechos que los asisten. Con el tiempo se fue desarrollando hasta llegar a esta iniciativa. Nosotros no nos metemos en la discusión  y la currícula la van a decidir ellos mismos.

Cómo colaborar. Para colaborar con Deuda Interna podés hacer tu aporte ofreciéndote como voluntario, sumando instrumental técnico al equipo o ayudando con recursos materiales y económicos.

El aporte económico se puede realizar a través de Tarjeta Naranja en los locales de todo el país o llamando al 0810 333 6272.

También se puede hacer un depósito o transferencia bancaria a nombre de Fundación Deuda Interna en la cuenta corriente de Banco Francés N° 274-14432/3    CBU 0170274520000001443233 CUIT: 30-71033518-0, con PayPal y Mercadopago.

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