Por día, el lago San Roque recibe 22 mil kilos de materia fecal

El lago San Roque ocupa las primeras planas de los diarios y gana minutos de canales de televisión y radios de todo el país. La noticia es siempre la misma: la contaminación que lo enferma y lo expone a niveles de deterioro nunca antes vistos.

La expansión de las algas, que invaden las costas con un color ocre y olor nauseabundo, son el síntoma. La eutrofización es la enfermedad que lo aqueja desde hace años.
Para intentar explicar el fenómeno y buscar soluciones, el Laboratorio de Biorremediación municipal de Carlos Paz inició una serie de estudios y proyectos sobre la cuenca del embalse que, entre otros aspectos, permitien medirlo y cuantificarlo.
Las primeras estimaciones, basadas en datos oficiales de la Secretaría de Recursos Hídricos de la Provincia pero actualizados con la densidad demográfica desde Cuesta Blanca hasta La Falda, permiten determinar que, a diario, el lago recibe unos 22 mil kilos de materia fecal, ya sea por el vertido directo en sus costas, o de manera indirecta por medio de la contaminación de las napas del suelo. Sin embargo, apenas hablamos de la contaminación por material fecal humana, ya que todavía no se logró dimensionar la que proviene del excremento que producen unas 50 mil cabezas de ganado bovino en la zona, el fósforo de los incendios forestales, detergentes de comercios y casas particulares y fertilizantes utilizados para la siembra.
Otra manera de medir la salud del lago es el grado de transparencia del agua, que se realiza con un muestreo mensual en cinco puntos del embalse y que suele mostrar variaciones significativas dependiendo del clima y la escorrentía del agua. La última medición del Centro de la Región Semi Árida del Instituto Nacional del Agua estimó una transparencia de 1,40 metros en el centro del lago. Este número, lejos de ser el ideal, representa un panorama más alentador del que los investigadores esperaban encontrar.
También resultó menos de la esperada la acumulación de sedimentos en el fondo del embalse a lo largo de las últimas dédacas. En la salida del río San Antonio, a la altura del puente Uruguay, la acumulación de barros representa un 13% sobre la altura en el sector y se estima que es el punto donde mayor concentración se produce, con un crecimiento anual de 6 milímetros. Este número trajo alivio teniendo en cuenta que algunos biólogos esperaban encontrar una acumulación por encima del 20% o 25 %.

Optimismo. Aunque el plan de abordaje se encuentra en una etapa inicial, las expectativas que generan la plantación de camalotes permiten avizorar mejoras, aunque sea leves, en un corto período de tiempo.
Según las estimaciones del Laboratorio de Biorremediación, si se lograra plantar un 20% de la superficie total del lago San Roque, en un plazo estimado de 24 meses, la reducción de fósforo y nitrógeno en el agua debería ser del 50%. Esta disminución fue la que se logró en otros embalses con un panorama igual o incluso peor que el de Carlos Paz.
¿Cómo comparar esta reducción de fósforo y nitrógeno? El agua podría recobrar la calidad y transparencia que tuvo a mediados de la década del 90, indican los especialistas del municipio.

Sin embargo, la plantación podría ser menor si este proceso está acompañado del desarrollo de las redes de cloacas en la cuenca del San Roque. No obstante, estas obras no están confirmadas en la mayoría de las localidades y en otras, como Carlos Paz, podrían demandar al menos unos cinco años hasta su culminación.

 

Fuentes y estadísticas: Laboratorio municipal de Biorremediación - Ina Cirsa

Infografía: Augusto Manzano

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