Brasil y Canadá, los antecedentes fatales de cianobacterias iguales a las del San Roque

Las medidas de prevención, que durante años estuvieron ausentes, de repente comenzaron a aparecer en la costa del lago San Roque. Donde antes no había reparos para el uso recreacional del embalse, hoy se advierte por los riesgos que supone la exposición directa con el agua. Los pescadores, que por años acudieron al lago en busca de pejerreyes y carpas, hoy se encuentran con carteles que recomiendan no consumirlos.

La razón es la misma en los dos casos: las cianobacterias y todos sus derivados. El lago San Roque, desde su nacimiento en el centro de Carlos Paz hasta el paredón mismo del dique, está infestado de estos microorganismos, que crecen y se diseminan a un ritmo tan vertiginoso que superó aún los peores augurios.

Mientras el municipio local y otras comunas comenzaron el proceso de saneamiento, más de un millón de habitantes de la ciudad de Córdoba siguen consumiendo esta agua, potabilizada claro está, aunque no libre de todo riesgo.

Es que la población de bacterias, explican los expertos, no es estable y responde a infinitas variables, entre ellas, el aporte de nutrientes por la falta de cloacas, el calor, los vientos, la escorrentía de los ríos, etc. Y al no ser estable, controlarlas y eliminarlas por completo se transforma en una tarea ardua y complicada y que no siempre es 100% eficiente.

 

Antecedentes. Las cianobacterias no son exclusivas del lago San Roque de Carlos Paz, de hecho, también comenzaron a aparecer, de manera incipiente, en el lago Molinos, el otro gran proveedor de agua potable con el que cuenta la capital provincial. Y hay antecedentes que encienden la señal de alarma sobre las consecuencias que trae esta floración cuando sobrevive a los procesos de potabilización, en algunos casos, hasta con víctimas fatales.

En 1996, en la localidad de Caruaru, Brasil, 131 pacientes estaban siendo sometidos a diálisis en el Hospital zonal y quedaron expuestos a microcistinas provenientes del agua usada para la diálisis. Por esta ingesta, 56 pacientes murieron y al menos 44 de estas víctimas mostraron los típicos síntomas asociados con la microcistina (la misma que aflora en el lago de Carlos Paz). Esta bacteria termina por alojarse en el hígado y produce el llamado "Síndrome de Caruaru"*.

Otro caso resonante sucedió en 1959, en Saskatchewan, Canadá. A pesar de la muerte de todo el ganado y advertencias contra el uso recreacional, la gente continuaba nadando en el lago infestado con cianobacterias. Trece personas se enfermaron  y contrajeron cefaleas, náuseas, dolores musculares y diarrea dolorosa. En las excretas de un paciente - un médico que había ingerido accidentalmente 300 ml de agua – se pudieron identificar claramente numerosas células de Microcystis spp y algunos tricomas de Anabaena circinalis que componen las cianobacterias.

En 1993, un estudio realizado en China determinó que la incidencia de cáncer hepático se relaciona claramente con las fuentes de agua y es significativamente mayor para poblaciones que usaban aguas superficiales infectadas con cianobacterias, comparado con aquellas que bebían aguas subterráneas.

La bibliografía enumera más antecedentes en los Emiratos Árabes, Australia y Suecia.

 

¿Y las que ya están? Aunque el primer objetivo, aparte del estudio periódico de la calidad del agua, es la culminación de las redes cloacales en Carlos Paz y Punilla, existe ya una altísima concentración de cianobacterias que permanecen flotando y lo seguirá estando más allá de la variación en el aporte de nutrientes.

Eliminarlas es un proceso paralelo a la mitigación en la contaminación del embalse y para ello se diseñó un Plan de Biorremediación.

Desde el municipio de Carlos Paz estiman que, en el mejor de los casos, la culminación de las redes cloacas en todas las localidades de la cuenca puede llevar como mínimo, unos cinco años, y remover los florecimientos algales unos 10 o 15 años.

Para hacerlo, se utiliza un camalote llamado Eichhornia crassipes, que se planta a gran escala y se alimenta del fósforo y nitrógeno que flota en el agua. Es un filtro que ya ha sido probado en lagos incluso más contaminados que el nuestro y que ha dado resultados muy satisfactorios.

El material flotante es absorbido por las plantas, que luego son retiradas y utilizadas como fertilizante, teniendo en cuenta que la contaminación a la que está expuesta el lago no contiene ningún tipo de químico, típico de las industrias.

 

*Casos extraídos del estudio denominado "Riesgos a la salud causados por cianobacterias y algas de agua dulce enaguas recreacionales"

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