El desafío de sobrevivir el invierno en la calle

A Pedro la soledad no lo asustaba. La eligió por sobre sus afectos y ante una y otra propuesta para retornar al calor de la familia o al reparo de un techo. Vivir a la intemperie fue su decisión sin que nadie terminara de entender muy bien porqué. Cuándo alguien intentaba indagar en su pasado se encontraba con un muro infranqueable. Paradójicamente, en la calle y expuesto a todo, su privacidad fue su bien más preciado.

El último domingo, la muerte súbita lo encontró cerca del lago San Roque, a poco de su refugio, una suerte de “V” que se origina entre la colectora de la avenida Uruguay y una de las pasarelas para acceder a la galería cerrada del puente. Allí dormía y resistía el invierno.

Uno de los últimos encuentros que mantuvo con el área de Acción Social en el edificio municipal, hoy es una anécdota que describe su personalidad.

“Vengo a verlos porque me mandó el Pastor, no porque yo quiera. Les aviso que estoy bien y no necesito nada”. Así, tajante, Pedro dejó en claro que nada ni nadie iba a cambiar su decisión de vida.

 

Alerta. La muerte de Pedro fue una señal de alarma para los organismos de Carlos Paz que hoy trabajan con indigentes y personas en situación de calle. Se estima que este invierno, una decena aguantará el frio debajo de los puentes o en las plazas públicas. Con suerte, alguna noche llegarán al refugio nocturno Cura Brochero para una comida caliente, pero será una excepción. Lo habitual es que desechen estas posibilidades.

“Estamos trabajando muchísimo con el tema de la gente en situación de calle. Y no lo hacemos solos. Pero realmente es una tarea ardua. Nos encontramos con límites que no podemos sobrepasar y situaciones muy complejas y difíciles de manejar”, cuenta a Crónicas del Día Isabel Schoj, a cargo de la Dirección de Acción Social.

De acuerdo al último relevamiento, el 80% de las personas que vive en la calle son hombres, entre 30 y 60 años de edad, todos con familiares cercanos en esta ciudad, Malagueño o en la capital provincial, y el 70% de ellos presenta severos cuadros de adicción alcohólica.

Moverlos de estos precarios asentamientos hoy resulta una tarea casi imposible. En primer lugar porque ellos mismos se rehúsan a hacerlo, pero también, porque no existen recursos legales y jurídicos que faciliten el traslado.

La ley de desmanicomialización, sancionada durante la última década por la Legislatura cordobesa, desalienta la internación crónica de pacientes, aun cuando presenten niveles avanzados de adicción, y propone, en cambio, un tratamiento ambulatorio, impracticable en estos casos tan extremos.

“Lamentablemente esta gente no puede ser internada entonces les ofrecemos refugio de día y de noche, pero se niegan a abandonar sus lugares”, explica Schoj.

 

Sin cuidados. La mayoría se encuentra bien nutrido porque se rebusca para conseguir restos de comida de restaurantes o son alimentados por los mismos comerciantes de la zona que frecuentan. Sin embargo, presentan cuadros de salud delicados por la exposición y contagios a los que se ven sometidos a diario y por las adicciones de las que son víctima.

El último caso confirmado fue la muerte de un hombre por un cuadro avanzado de tuberculosis, una enfermedad curable si es tomada a tiempo y con el tratamiento necesario.

 

Tarea de todos. La asistencia que brinda el municipio se realiza junto a otras instituciones locales, que en los últimos años decidieron sumarse a las brigadas que recorren cada noche los puentes y lugares donde habitan los sin techo.

“Hace un tiempo tomamos la iniciativa de salir a la calle a ofrecer un plato de comida, un poco de café o ropa. Es una tarea comunitaria con muchos obstáculos en algunos casos”, relata Orlando Ucero, pastor evangelista al que todavía le duele la muerte de Pedro.

“Él era muy respetuoso respecto de dónde podía estar y a qué hora. Y en cierta medida creo que terminó por acostumbrarse a la soledad, lo mismo que el resto. Algunos nos permiten ayudarlos pero dejando en claro que no piensan moverse de donde están y hay límites que no podemos sobrepasar”, se lamenta.

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