Señal de alerta

Cuando el grupo Roggio se quedó con Aguas Cordobesas en 2006, las expectativas estaban depositadas en que completara las inversiones que no habían concretado la francesa Suez y Aguas de Barcelona, accionistas mayoritarias de la empresa a cargo servicio de agua potable en la ciudad de Córdoba.

Más allá de la extensión de cañerías a los barrios que no contaban con el servicio, la prioridad era la colocación de unos 150 mil medidores domiciliarios que permitieran terminar con el derroche. Sin mediciones ni penalizaciones, más de la mitad de Córdoba abre la canilla sin preocuparse por la boleta a fin de mes.

La situación es aún más preocupante teniendo en cuenta que un tercio de los usuarios cordobeses que están conectados a la red de agua no pueden ser controlados, porque los edificios en los que residen no están preparados para la colocación de medidores.  Así, el principal perjudicado es el lago San Roque, que abastece de agua al 70% de la población de Córdoba. El 30% restante toma el agua que no pierde en el camino el deteriorado canal que llega desde el dique Los Molinos.

El disparo en los consumos en la capital, con un pico de 323 litros diarios en 2011 y 302 litros el año pasado, impactó directamente sobre la cota del lago de Carlos Paz, al que le cuesta cada vez más asomar hasta el nivel del vertedero del embudo. La demanda en Córdoba todavía supera holgadamente los 250 litros promedio por conexión,  el consumo básico estimado para una vivienda tipo.

Recién la última temporada, después de tres veranos, las lluvias abundantes obligaron a la apertura de válvulas del paredón para expulsar el sobrante de agua del embalse serrano. Una decisión polémica y habitual en otros tiempos, pero que comenzó a ser esporádica a partir de la demanda a la que es sometido el lago.

“Aguas cordobesas dice que sigue colocando medidores, pero está atrasado. No cumplió con el compromiso que había asumido y no creo lo vaya a hacer”, plantea el legislador del Frente Cívico, Ricardo Fonseca.

Pero la polémica con los medidores no se acaba sólo en su colocación. La semana pasada, el ex concejal de Unión por Córdoba, Elvio Sahaspe, cuestionó los dividendos que obtiene la empresa en plena tarea de recambio. Aunque la firma los adquiere a unos 180 pesos por unidad, los vecinos pagan hasta 450 pesos por cada nuevo aparato.

“Esto, sumado a los aumentos constantes de tarifa que aprueba el Ersep, hacen que la empresa sólo coloque medidores donde sabe que hay réditos económicos y es interesante la recaudación. Por el resto de la ciudad no se preocupa”, apunta el legislador.

Escaso control.  De acuerdo a las estadísticas de Aguas Cordobesas, hasta  finales de 2012 había en Córdoba 108 mil hogares con medidores domiciliarios, lo que representa al 26% del universo total de clientes residenciales. Para la firma, hay 126 mil frentistas que, por los sectores en los que viven, no pueden ser controlados por la imposibilidad de colocar los dispositivos en departamentos de viejos edificios en altura.

“Es mentira que hay sectores de Córdoba que no se pueden medir. Si la empresa quisiera, lo puede hacer, pero no le interesa”, cuestiona Fonseca.

El especialista y ex integrante de la antigua Dirección Provincial de Hidraulica, Osvaldo Azar, evita cargar toda la responsabilidad del derroche sobre la prestataria capitalina, aunque advierte que “el disparo de los consumos aporta a las finanzas de la empresa”.

“No creo que trabajen con esa mentalidad, pero el cuadro tarifario del servicio lleva a pensar que, mientras más agua se consume, más dinero gana la empresa”, apunta.

Aunque la tarifa de agua en Córdoba es cuestionada por las sucesivas actualizaciones, aun así resulta mucho más económica que la de otras localidades. En la capital provincial, cada frentista tiene una base libre de 25 mil litros mensuales. Luego, hasta los 35 mil litros, se cobra $1,5397 por metro cúbico.

Carlos Paz, por caso, tiene una base de consumo más holgada, con 36 mil litros por conexión, aunque los excedentes aquí se pagan mucho más caros. Si el consumo supera hasta en 20 mil litros la prestación plana, se paga 5,33 pesos el metro cúbico.

En baja. Según las mediciones de la Secretaría de Recursos Hídricos, el jueves 1 de agosto, el San Roque estaba a exactos 2,50 metros de los 35,30m que constituye su punto más elevado. Por encima de esa altura, comienza a trabajar el dique, por debajo, los carlospacenses empiezan a mirar de reojo para ver hasta dónde es capaz de descender la cota.

Aunque Carlos Paz no se abastece del agua del lago para el consumo domiciliario, el embalse representa la principal postal turística de la ciudad y su deterioro afecta directamente la imagen que intenta venderse puertas afuera.

En el verano de 2009/10, cuando enero encontró al lago a unos seis metros y medio por debajo del vertedero, las ventas comerciales disminuyeron drásticamente, y los turistas que igual apostaron por la ciudad se encontraron con el lecho vacío y extensas grietas en el suelo reseco.

Si bien la bajante ya es notoria, lo que más preocupa son los meses por delante. De acuerdo a las previsiones meteorológicas, las lluvias abundantes llegarían recién a fin de año y la sequía es un fantasma al que nadie quiere volver a verle la cara.

Se estima que, por día, el lago baja unos 2,5 centímetros de su cota entre el consumo de agua de Córdoba, la toma de la empresa de energía EPEC y lo que se pierde por evaporación. Así, las lluvias deben ir compensando la pérdida estimada de unos 9 metros de altura anuales.

A esto se suma que en los últimos años, con la profundización de la sequía en las Sierras Chicas, una decisión no muy clara extendió la prestación de agua del San Roque a Saldán, Villa Allende y Mendiolaza, localidades a las que ya no les alcanza con la provisión del dique La Quebrada.

 

Sin políticas. “Todavía se siguen abriendo las válvulas y se observa la cola de novia, lo que es una decisión errónea – plantea Azar- Lo que existe es un verdadero conflicto de intereses entre una ciudad que sigue temiendo por posibles inundaciones, como ocurrió en los 90, y Córdoba, que quiere que el lago esté lo más alto posible para no tener problemas de abastecimiento”.

Para el ex Jefe de Asesoría Jurídica de la Ex Dirección Provincial, el problema radica en la falta de políticas hídricas concretas y el desmantelamiento de aquella dependencia.

“¿Quién controla lo que se hace con el agua en Córdoba? Nadie. Antes había mil ingenieros que decidían absolutamente todo lo que se hacía con el recurso hídrico en la provincia. Hoy apenas quedan 200. O antes éramos mil inútiles o ahora hay 200 genios. Lo concreto es que ya no hay políticas que indiquen cómo hay que utilizar el escaso recurso del que dispone la provincia”, asegura.

Néstor mira el lago y elabora su propia teoría. Hace años que trabaja en el muelle de los hidropedales, a metros del puente Uruguay, donde el embalse deja ver las consecuencias de la bajante.

“Más allá del agua que se llevan las turbinas de Epec y el consumo en Córdoba, yo veo que el viento norte se lleva agua hacia arriba que después no vuelve. Cada vez que hay viento norte, se nota mucho la bajante”, sostiene.

A principios de septiembre, Carlos Paz marchará por la recuperación del embalse a partir de una auto convocatoria de un grupo de vecinos y ambientalistas, que se cansó de las explicaciones técnicas y pedirá por medidas concretas de saneamiento y preservación del recurso. 

Compartir

Últimas Noticias