Ese bombero del alma

No es fácil encontrar un momento de distención en el cuartel de Bomberos de Carlos Paz. Mucho menos en agosto, el mes de los vientos, el enemigo más temido cuando se combina con el fuego a campo abierto.

Los movimientos son sigilosos, pero en el cuartel de calle Koch algo se trama entre las sombras. En la cocina, mientras un par de muchachos salen raudos a atender un caso de asma en la entrada de la ciudad, huele a salsa de tomate. Las guirnaldas y globos de colores empiezan a decorar el comedor y de lejos se deja ver un proyector con pistas de audio, de lo que seguramente terminará siendo un karaoke.

Este 27 de agosto deja un resquicio para la celebración, sólo que el cumpleañero todavía no llegó. Lo tienen agazapado, engañado en su casa con la complicidad de la familia, a pocas cuadras de la central de Bomberos. Con la excusa de la nota periodística, Pablo Calamita, de flamante 50 años, llega al cuartel pasada las 20hs y lo interceptamos en la entrada, para que no note movimientos extraños.

¿Por qué tantos preparativos?

“Pablo es un ser muy especial. Para nosotros es un emblema y la imagen de nuestro cuerpo”, me dice Leandro Vilella, el jefe de Bomberos de Carlos Paz, que asumió el cargo en noviembre pasado, después de 25 años de labor.

El más querido. Pablo tiene un ángel especial. Cubierto totalmente de canas, la sonrisa la trae como un don innato. Lleva 34 años como sub oficial de Bomberos de Carlos Paz y es el que ostenta mayor antigüedad del cuartel. Y lo logró a pesar de las adversidades, porque apenas nació, complicaciones en el parto le ocasionaron una lesión cerebral crónica. Aun así, es un estadista prodigioso y conserva una memoria envidiable.

¿Te acordás tu primer día como bombero?

Por supuesto. Fue el 5 de junio de 1982. Me vine porque tenía un primo que fue bombero en Quilmes, Buenos Aires. Yo iba a todos los cuarteles con él y el Día de la Madre íbamos con las camionetas y les llevábamos un ramo de flores.

¿Y por qué decidiste ser bombero?

Yo nací con una leve lesión cerebral al momento del parto y esto me impidió hacer el servicio militar. Entonces mi mamá buscó algo parecido en cuanto a la disciplina. Fue así que en el año 1981 arranqué con los Boy Scout y después, sólo, vine al cuartel un día y les dije que quería ser bombero.  Me acuerdo de muchas cosas. Viví todo lo que pasó acá dentro. Desde que se empezó a tirar el cuartel viejo hasta los últimos cambios. Tuve la suerte que mi familia me apoyó siempre.

¿Dudaste alguna vez?

Nunca, más allá de que a veces mi mamá tiene preocupación, como toda madre que tiene un hijo bombero y se le queda la espina en el corazón.  

¿Imagino que como bombero tendrás muchas anécdotas?

Sí. Me acuerdo que en 2003 tuvimos un incendio en el campo de Garayzabal, muy grande. Se prendió fuego todo. Nos metimos con la autobomba. Nos pusimos los cascos y el fuego se vino muy de golpe. Hizo un cuadrado y nos encerró. Tuvimos que salir corriendo y nos salvamos de milagro.

¿Y no pensaste en dejar después de esa experiencia?

No, nunca voy a dejar, porque nace del corazón y es una vocación de servicio. Es un ejemplo de vida y uno puede ayudar a otra gente. Acá hay mucha gente muy capacitada.

Esfuerzo y vocación. Pablo suelta cada palabra con la convicción de un hombre formado bajo la rigurosa disciplina del bombero. Y aunque es día de festejo y podría permitirse ciertas libertades, aclara que no toma ni fuma, y mucho menos conoce de excesos.  

A pesar de esa lesión al nacer encontraste tu lugar para ser muy útil…

Por supuesto. Con los años uno va encontrando su espacio. Esto es una familia. Es como mi casa y nunca la voy a dejar. Tengo un montón de amigos. Algunos todavía están y otros ya se fueron.

Sos muy bueno con las fechas.  Me imagino que como estadista debés ser de gran utilidad también

El 26 de septiembre la institución va a cumplir 49 años. Me acuerdo un montón cosas pero tendríamos que pasar horas hablando.

Hablando de horas. ¿Cuántas pasas dentro del cuartel?

Muchas. Estoy todos los días. Es mi vocación y siento que tengo la obligación de venir. Estoy en las guardias. A veces me quedo a dormir.

¿Les das consejos a los nuevos?

Yo creo que los chicos nos sorprendieron a todos. Y todos tenemos que estar orgullosos de tener a 50 bomberos en nuestra institución.

¿Te considerás un ejemplo?

Todos somos un ejemplo. No es uno solo. Sería egoísta sino. Todos formamos esta institución para dejarle un mejor futuro a las generaciones que están por venir.  

¿Hasta cuándo te vas a quedar en Bomberos?

No lo se. Yo creo que uno no tiene que encerrarse y siempre hay que buscar nuevos horizontes.

¿Pensaste que en algún momento no lo ibas a lograr?

Con esfuerzo todo se puede. Mis padres y mis hermanos hicieron un esfuerzo muy grande también. Buscaron médicos por todos lados para ayudarme a salir adelante y acá me ven, con 50 años, siempre dispuesto a ayudar.  

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