Un momento histórico

Los chicos juegan en medio de una kermes sobre la costanera del lago San Roque y no imaginan lo que una kermes significaba para sus padres. Mientras corren de un lado a otro, se cruzan con actores que encarnan personajes de principios de siglo XX. Por allí andan Carlos Nicandro Paz y Margarita Avanzato. Caminan frente a sus narices pero ni se inmutan. Ninguno de estos niños jamás sintió hablar de los fundadores de la ciudad. Probablemente, ni siquiera sepan que están formando parte de un momento histórico de la villa serrana.

En realidad, la Kermes a un lado de avenida San Martín es apenas una faceta mínima de los festejos por el Centenario de Villa Carlos Paz que comenzaron en las últimas horas del lunes, con un show multicolor de fuegos artificiales.

En pleno centro, Cacho Buenaventura, el Negro Álvarez y el Chango Juárez calientan el mediodía para el show de Los Cuatro de Córdoba. Debe ser todo a horario, porque minutos más tarde será el turno del acto en homenaje a los fundadores y después la habitual procesión, para los que buscan el costado tradicional y religioso de los festejos.

Así pasa el 16 de julio de 2013 en Carlos Paz, con la vorágine de resumir en sólo 24 horas los cien años de una ciudad que nunca paró de crecer.

“Las expectativas pasan porque la gente esté contenta y disfrute de los festejos”, dice el intendente Esteban Avilés a una emisora local. Responde rápido y conciso porque en medio de una agenda apretadísima se sumó la visita al hospital Sayago para conocer a la pequeña Uma, una recién nacida de 3 kilos y medio que se transformó en la bebé del Centenario.

Antes, el historiador José Sánchez narraba el cambio sustancial que experimentó la villa a partir de las inversiones foráneas.

“La construcción del dique, con capitales nacionales, implicó un cambio abrupto para la región”,  sintetiza.

Es que Carlos Paz se hizo desde afuera. A tal punto que los festejos son seguidos en partes iguales entre ciudadanos locales y turistas que se encontraron con un aniversario en medio de sus vacaciones de invierno.

Postales. Este 16 de julio los bares hablan como siempre y recuerdan como nunca antes. Hay mozos vestidos de época sirviendo cafés a hombres setentones que todavía retienen las imágenes de un pueblo que ya se perdió.

“Antes veíamos las montañas, ahora sólo edificios. Pero bueno, es el crecimiento”, se lamenta Álvaro Navarro, de prolija boina de cuero marrón, sentado en la mesa del más céntrico de todos los bares carlospacenses, en una esquina que si hablara seguramente exigiría explicaciones a tantos cambios.

La mesa de un bar es la platea ideal para seguir los festejos. Del otro lado del vidrio, entre turistas que no paran de sacar fotos, se ven autos antiguos que recrean el tránsito vehicular de hace medio siglo y un grupo de jinetes que saluda mientras cabalga a ritmo cansino una arteria que en ciertas épocas del año llega a ser un hervidero.

Todos quieren llevarse un recuerdo. Los que no lo retratan fotográficamente se lo guardan en sus retinas. El Centenario de Carlos Paz es un momento que no se volverá a vivir.  

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