El otro aniversario

El 17 de julio de 2003 fue una jornada fría y ventosa en la que Carlos Paz concentraba sus miradas en los festejos del 90° aniversario de su fundación. Las calles se dividían entre comerciantes que cumplían con la habitual rutina y una discreta afluencia turística que se animó a visitar la ciudad en pleno invierno.

En esa época del año, el abanico de entretenimientos que ofrece Carlos Paz no va más allá del complejo Aerosilla, Pekos, un recorrido por el centro o algún paseo.  Los ríos y balnearios no cuentan como atractivo en el frío julio carlospancense.

Los anfibios de Carlos Paz, obsoletas embarcaciones recicladas de la Segunda Guerra Mundial, tenían un par de salidas al día. “El Cisne”, que fue utilizado como vehículo de desembarco estadounidense en Normandia, partió esa siesta con una veintena de pasajeros para realizar su habitual recorrido. Era un vehículo anfibio de seis ruedas de la General Motors Corporation en base a los camiones “deuce” de dos toneladas de capacidad, que ya había probado su fortaleza en las aguas del Pacífico.

Primero transitaba algunos barrios tradicionales de la ciudad y luego ingresaba a las aguas del lago San Roque a través de calle Comechingones. Los pasajeros contaron que el viento soplaba fuerte, aunque en ningún momento dudaron de las condiciones de la embarcación.

“Subimos al anfibio pasada las 15.30. El día se había puesto gris y muy oscuro. Lentamente empezamos a desplazarnos por la avenida San Martín, giramos hacia la costanera, y después de un pequeño recorrido, retomamos la avenida en dirección al dique San Roque. Apenas ingresamos al barrio Costa Azul, giramos hacia la izquierda por la calle Comechingones y nos introducimos al lago. Antes de tocar agua, el anfibio frenó, y nunca supimos si el timonel Carlos Cáceres abrió o cerró unas compuertas,” relató Oscar al Diario El Norte, un turista rosarino que todavía recuerda aquella tarde plomiza de julio.

Su esposa, Alicia, decidió sentarse en medio del barco porque tenía problemas de mareo y prefería no mirar las olas.

 

La Tragedia. Hubo un primer oleaje que sacudió la embarcación. Después un par de olas más que llegaron hasta arriba del barco, hasta que un frente de agua empapó a todos los que estaban a bordo. El matrimonio recuerda el momento en que el miedo se transformó en desesperación.

El timonel manipuló las compuertas y ensayó todo tipo de maniobras. Pidió a la tripulación que se fuera hacia atrás para alivianar la trompa y cortar mejor las olas.  Volvió a la cabina, habló con el capitán y salió nuevamente disparado adonde se encontraban los pasajeros.

“Agarren los salvavidas y lárguense porque el anfibio se hunde”, gritó.

Pasaron apenas unos segundos antes de que el lago engullera la embarcación. El primero en morir fue Eduardo Pellegrini, un docente de Mar del Plata que estaba sentado al lado de la butaca 16, junto a Alicia.

Muchos turistas no llegaron a los salvavidas que estaban en la parte de adelante del barco, justo en el sector opuesto en el que se encontraba la tripulación.

El naufragio también se llevó la vida de tres rosarinos. Los jubilados José Escandell y su mujer Margarita Germino, murieron atrapados dentro de la embarcación que fue a parar al fondo del embalse. También su hija Amelia. De esa familia, apenas sobrevivió la nieta, María Celeste Federico, que tenía 12 años.

Aunque el capitán Cristian Hoffman (35 años) y el timonel Carlos Cáceres (26 años) estuvieron detenidos en el penal de Bouwer e imputados por homicidio simple, el cambio de carátula a homicidio culposo dejó a la causa sin detenidos. Tampoco la Justicia se expidió sobre los motivos del siniestro. Se especulaba con fallas mecánicas en un barco de principios de siglo XX.

A diez años de aquella tragedia, aún hay muchas preguntas sin respuesta.

 

Fotos: La Voz del Interior