Los que laburan la calle

Jaime tiene una costumbre. Llega temprano a El Fantasio y revisa las dársenas de estacionamiento. Patea clavos, saca vidrios rotos si los hay y las deja en condiciones para recibir a los vehículos. Aunque es martes, lo espera una jornada extensa, de unas nueve horas bajo el sol de enero en la que no se puede pensar en descansos.  La fórmula de trabajo de los permisionarios de estacionamiento en la vía pública es elemental: mientras más presencia en las calles, más ticket se cortan y, por ende, más se recauda cada día.

Me cuenta que va por su décima temporada, que empezó cobrando estacionamiento en la zona bancaria y que con los años pudo ganarse un lugar en los balnearios, algo así como la clasificación a una copa internacional después de disputar todo el año el campeonato local.

“Durante el año se trabaja, pero la diferencia la hacés en el verano.  La cantidad de autos se triplica y las tarifas aumentan”, dice.

Que haya accedido a la zona de río es una consecuencia de la tarea de los últimos meses. La Comisión de Balnearios, que incluye al municipio y centros vecinales, elabora una lista con todos los aspirantes, prioriza a los de mejor conducta y rendimiento, y distribuye a 30 de ellos en los cuatro balnearios de la ciudad. Del total, 25 se encargan del estacionamiento en la vía pública y al resto se los destina al alquiler de mesas y asadores.

 

Riesgos. “Están expuestos. Como todo trabajo de calle”, me cuenta Joaquín, un mozo de Playas de Oro que a diario es testigo de encontronazos entre permisionarios y conductores que se rehúsan a pagar.

“Hay de todo. Algunos no quieren pagar porque dicen que no les pueden cobrar en un balneario público, otros que llegan temprano, cuando los ‘cuidacoches’ todavía no están, y como no los ven no les pagan cuando se van, y después aparecen los que toman de más y se ponen violentos, sobre todo cuando se trata de grupos de jóvenes”, señala.

Teniendo en cuenta estas situaciones, los balnearios cuentan con un refuerzo de la Policía de Punilla. Son efectivos que se mueven a pie y se reparten la extensión de las costas, especialmente cuando entra el sol y se observan las consecuencias del consumo durante el día.

“En realidad, las peleas en la calle son por cualquier cosa, y muchas veces la ligan quienes cobran estacionamiento. El tema es que en algunos cosas son mujeres o gente más grande y está indefensa hasta que llega la Policía”, completa Joaquín.

La semana última, uno de los encargados de controlar a los permisionarios me dice que fue blanco de críticas de los bañistas y turistas por no intervenir en una pelea callejera entre dos grupos que repartían piñas y piedrazos muy cerca de los autos estacionados a la vera del río.

“Se enojan a veces, pero nosotros avisamos a la Policía y más que eso no podemos hacer. Nuestra tarea es el estacionamiento y los alquileres de asadores. No estamos en condiciones de interceder en esas situaciones”, apunta.

 

Una diferencia. Ser permisionario para el cobro de estacionamiento en verano (pocas cosas los irritan más que les digan “naranjitas”) también tiene sus beneficios. Como en otros tantos rubros, la temporada permite hacer una diferencia, más allá de que las cifras que se manejan no son exorbitantes ni mucho menos.

El mecanismo es el mismo que durante el resto del año. Los permisionarios compran al municipio un talonario con 100 tickets que ahora cuesta $1.620. Por cada recibo, cobran 27 pesos que es lo que cuesta el turno de estacionamiento en las zonas costeras y van a parar íntegramente a su bolsillo.

Crónicas del Día accedió a los números parciales que comprenden los primeros 18 días de enero. En promedio, un permisionario que mantuvo una regularidad en la tarea (trabajó todos los días y lleva los registros en orden) cortó 1.100 boletas, lo que representa un suma de $17.800 netos. De ese total, $11 mil (el 60%) corresponden a la Municipalidad en concepto de tickets y los $7.120 restantes (40%) representaron la ganancia del trabajador. Se estima que al finalizar la temporada y teniendo en cuenta que febrero siempre supone una leve merma en la cantidad de visitantes, un permisionario de estacionamiento podrá alzarse con unos $25 mil promedio.

En el caso de los cinco encargados de cobrar el alquiler de las mesas y asadores, un permisionario que en los 18 días de enero cortó 800 boletas se quedó con una suma de bolsillo de $6.520.

 

Jornada extensa. Para evitar confusiones y lograr esquivar las excusas al momento de cobrar, lo primordial es que el permisionario se encuentre en el lugar al momento del arribo de las familias y turistas.

“Si el trabajador no está cuando estacionan el auto, después los conductores ponen la excusa que cuando ellos llegaron no había nadie y no quieren pagarles”, comenta Marina Mossé, al frente de la Comisión de Balnearios.

Para esto, los permisionarios realizan una jornada extensa bajo el sol, que comienza entre las 8 y las 9 de la mañana y se prolonga hasta las 18hs, cuando la mayoría ya se fue del río.

“Lo ideal es poder cobrar apenas el auto estaciona, porque no hay fraccionamiento por hora. El turno es uno solo y cuesta siempre lo mismo. Pero están los que desconfían y te pagan cuando se van, y muchas veces hay que esperarlos hasta lo último”, me dice Ana, una de las encargadas de estacionamiento con más años en el rubro, que este verano se instaló en Playas de Oro. También me explica que la clave es el recambio. Como la cantidad de horas que el auto permanece estacionado no influye en la tarifa final, lo ideal es que durante una jornada el mismo espacio tenga una rotación de al menos dos vehículos entre la mañana y la tarde.

“No siempre se da. Están los que vienen a las 9 de la mañana y se van a las seis de la tarde”, se lamenta.

 

Ubicación. El lugar no es un aspecto menor en el trabajo de temporada. De hecho, es primordial. Hay sectores de demanda constante que son una garantía y otros que tienen sus vaivenes. Es por eso que se realiza una rotación dentro de los balnearios para que cada permisionario pueda dividir la semana entre los lugares más concurridos y rentables (los que están próximos a los asadores y baños) y los que se encuentran algo más alejados del punto neurálgico.

Cada uno controla su espacio como le parezca más cómodo. Algunos lo cubren a pie todo el tiempo y otros se acompañan con una bicicleta. La clave es no dormirse porque, aunque resulte odioso, si el permisionario no está cuando el auto deja el lugar, suele irse sin pagar.

   

Compartir

Últimas Noticias