Santa inseguridad

Graciela y su marido se mudaron a Santa Rita en 1992, siete años después de comprar el terreno y edificar a dos cuadras de avenida San Martín. Era una de las últimas parcelas disponibles en un barrio que se perfilaba como preferencial dentro de una ciudad en pleno crecimiento.

Lo compraron en un sector tranquilo, alejado del ruido con el que conviven en el comercio el resto del día. Un lugar de descanso, si se puede ajustar esa definición a un destino que en verano late las 24 horas.

“Hace 20 años vivíamos tranquilos. Dormíamos con las ventanas abiertas en verano y no nos preocupaba dejar la casa sola si teníamos que viajar”, cuenta.

Desde que están en el barrio sufrieron dos robos sumados a aquella vez que los asaltantes fueron descubiertos en el patio trasero, antes de que pudieran ingresar a la casa.

La sensación en Santa Rita ya no es la misma de hace 20 años. Las calles oscuras y el movimiento escaso apenas baja el sol, se transforman en un combo ideal para los delincuentes que desde hace dos meses tiene al barrio a maltraer.

“Estamos preocupados, hemos hablado con la Policía”, dice Jorge Abriatta, presidente del Centro Vecinal del sector. Pero sucede que la preocupación de los vecinos no siempre se transforma en acciones concretas.

“Convocamos a reuniones por el tema seguridad y para analizar la implementación de alarmas comunitarias. La primera vez que nos reunimos estaban todos los vecinos, pero la segunda vez éramos  cinco personas. Así no se puede”, se resigna.

Aunque continúan los contactos con la Policía, hasta el momento no se logró avanzar en medidas de prevención. Las alarmas comunitarias suelen ser la alternativa recomendada por las fuerzas de seguridad, más allá de que en este caso lo que más quieren es atrapar a una banda de asaltantes que les regala un desagradable relato periodístico al menos una vez por semana.

Con amplias casonas, modernos complejos de departamentos y con inmediata salida a la autopista, el barrio se transformó en blanco de la delincuencia y los vecinos piden otro tipo de respuestas.

“Están sucediendo cosas que antes no ocurrían. Ya no sólo te asaltan, sino que también te maltratan y no tiene compasión ni con las personas mayores”, cuenta Mari, vecina de Dante, un abuelo de 86 años que todavía conserva las vendas en sus manos después de ser brutalmente asaltado en su propia casa.

 

¿Respuestas? “Estamos trabajando, hemos detenido a dos personas que se trasladaban en un auto robado pero no podemos dar más precisiones sobre la investigación”, afirma, escueto, Gustavo Godoy, el titular de la Departamental Punilla de Policía.

A la Policía departamental cada asalto le golpea por duplicado. No sólo deben escuchar las críticas de los vecinos, que desconfían y los incluyen como responsables delo que está ocurriendo, sino que también deben tolerar el descontento de las autoridades provinciales, incómodas con la situación de Carlos Paz y la falta de respuestas.

El último asalto en el barrio, con el marido viendo como su mujer embarazada era amenazada con una cuchilla en su garganta, derivó en la intervención del intendente Esteban Avilés, que pidió públicamente la ayuda del Gobierno provincial ante una situación que se les fue de las manos a la Policía de Punilla.

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