Santiago Gutiérrez, el hombre que desafía al San Roque

Segundos después de aquel terrible accidente sobre avenida Cárcano, Santiago Gutiérrez (37) intentó levantarse pero sintió que no podía. Su cuerpo se desbalanceaba. Las piernas no le respondían. Por más que intentaba, una parte de sí parecía ajena a su voluntad. Fue un choque impresionante, desde atrás, que terminó cortándole la médula y condenándolo a vivir en una silla de rueda.

Justo a él, a un guardavida distinguido del cuerpo de Carlos Paz, a un deportista nato que llegó a correr 20 kilómetros diarios en verano y que durante el invierno nadaba hasta dos horas seguidas en la pileta climatizada del Club Carlos Paz.

Es en ese lugar donde me lo encuentro. Pasó un año y tres meses de aquel episodio y aquí está, dispuesto a tirarse otra vez al agua. Juro que no lo había planeado, pero la nota se da el Día del Guardavidas. Él tampoco lo sabía. Se lo cuentan mientras empieza a calentar para los 1.500 metros de nado que realiza dos veces a la semana. Lo acompañan Carlos y Karina, dos amigos que lo ayudan con los flotadores que compensan la nula actividad de sus piernas.

Que se lo vea con el ánimo impecable responde, básicamente, a tres factores: la indeclinable postura a no rendirse, su fe cristiana y al enorme desafío que tiene por delante. El martes por la mañana, Santiago cruzará a nado el lago San Roque. Será de costa a costa, acompañado de un par de amigos. Ya está todo listo, el Cuerpo Especial de Policías (CEP) le dio el OK y sólo falta que estén dadas las condiciones.

“No quiero plantear ningún desafío ni inspirar a nadie, más allá de que reconozco que la prueba es desafiante y que para muchos puede resultar inspiradora. Lo único que me planteo es superarme, simplemente eso”, cuenta a Crónicas del Día.

Aunque todavía no cumplió con aquel desafío, la preparación ya comenzó a repercutir dentro del club.

“Hay gente que nadaba a un ritmo tranquilo y cuando me vieron dentro de la pileta, empezaron a esforzarse y muchos también empezaron a nadar sin usar las piernas”, apunta.

El momento. Es llamativo cómo, a veces, ni el peor de los episodios puede frustrar el espíritu de un deportista.  En la mañana del 29 de noviembre de 2012, apenas dos días antes de comenzar la temporada 2012/13 del cuerpo de guardavidas municipal, Santiago iba como acompañante de un amigo cuando el auto fue embestido brutalmente desde atrás. El golpe lo eyectó del vehículo y lo estrelló contra una columna.

Los paramédicos lo llevaron primero al hospital Gumersindo Sayago de Carlos Paz y después lo derivaron a Córdoba. Fue allí donde le dieron la noticia. La médula estaba destrozada y sus piernas ya no eran sus piernas.

Con esa confirmación a cuestas y sin siquiera digerirla, Santiago se acomodó sobre la cama de la internación y empezó a trabajar con sus brazos. Sin especialistas cerca ni una rutina escrita, la rehabilitación la empezó ahí mismo, ante la mirada atónita de su familia.

Carlos, un amigo que lo acompaña en la rehabilitación, me cuenta desde una punta de la pileta, que aún no termina de creer lo que ve.

“Un accidente así transforma a cualquiera. Te puede hundir en un pozo depresivo. Yo no sé cómo reaccionaría si me pasara a mí. Pero él nunca bajó los brazos. Siempre pensó en salir adelante”, me dice.   

Un mundo nuevo. “Pasás por terapia, por la cirugía, pero la realidad es que no hay un curso para aprender cómo vivir prescindiendo de tus piernas. Conocí un mundo que era un tabú. Pasé de ser una persona que rescataba a la gente, a tratar de entender cómo me encontraba a mí mismo de esta manera”, cuenta Santiago en el hall del ingreso al club.

Se prometió no caer más bajo, no cavar al subsuelo después de haber tocado fondo, y mucho menos rendirse. Entonces, surgió la propuesta.

Carla Ferreyra, una ex compañera del cuerpo de guardavidas, lo tentó con el desafío. Cruzar el lago a nado, como él ya lo había hecho antes, pero esta vez bajo condiciones excepcionales.

“Es mi primer paso. Tengo más desafíos. Pero por ahora, quiero cumplir éste”, me cuenta. Las otras metas están en su cabeza y por el momento prefiere que ahí se queden.

“Siempre fui de entrenar duro y de no mariconear la vida. Pasé por infecciones, por heridas internas y externas y siempre lo superé. Me ayudó mucho mi familia y aferrarme a Dios”, sigue.

Dónde y cuándo. La fecha y el lugar de la prueba están cerradas. Será el martes próximo a las 11 de la mañana desde la playa de Bahía Los Mimbres y hasta el monumento a Bustos, sobre la costanera nueva.

“La idea era hacerlo cuando viéramos que estaba todo dado para realizarlo”, cuenta Santiago, que en 2014 cumple diez años desde que empezó como guardavidas en los ríos cordobeses.

La bajante pronunciada del embalse de Carlos Paz es un dato a tener en cuenta. Para realizar el desafío en estas condiciones hubo que elejir un lugar alejado del centro de la ciudad, donde el lago exhibe un nivel más profundo y está limpio de algas y plantas acuáticas que puedan complicar la tarea.

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