Jaime Press, el polémico armonizador que revolucionó Carlos Paz

Una mujer regordeta y entrada en años se acerca hasta la tumba. Se inclina con algo de esfuerzo. Con su mano derecha limpia la tierra acumulada sobre la inscripción y cierra los ojos. Permanece unos minutos así hasta que se reincorpora y clava la vista en la lápida. Es un mediodía furioso de enero bajo un sol que no da tregua.

Desde hace 13 años, en esa parcela del cementerio municipal de Carlos Paz descansan los restos de Jaime Press, un nombre que a los que no peinan canas tal vez ni siquiera les suene. Mucho menos a los que eligieron esta ciudad hace poco. Pero hay una realidad que es inobjetable. En el cementerio, ni la flamante historia del perro Capitán que vela los restos de su amo logró superar las visitas de la tumba de Press.

Autodefinido como armonizador, acusado por sus detractores como un vil curandero y oportunista, defendido hasta las últimas consecuencias por sus allegados que aún hoy lo recuerdan, odiado por el Consejo de Médicos de Córdoba que logró ponerlo tras las rejas al menos en una decena de oportunidades. Entre esos extremos se movía un hombre que cambió diametralmente la vida cotidiana de Carlos Paz cuando promediaban los 70.

Jaime Press murió a los 73 años en la más absoluta indiferencia. Se fue callado el 10 de enero de 2001 en la sala de internaciones de la clínica Punilla. Diez días antes, un ataque al corazón mientras festejaba el año nuevo con amigos había anticipado su final. Desde hacía un tiempo, su vida transcurría entre las paredes oscuras del asilo para ancianos Ruka Noi.

La noticia fue contundente para sus familiares y amigos que hasta último momento no dudaban que su fe lo iba a sacar de la gravedad extrema en la que se encontraba. Cómo podía sucumbir ante la muerte un hombre que por día llegó a armonizar a unas 600 almas desesperadas en sus épocas de mayor auge.

“Es un cambio de envase, de domicilio. Es huir de la cárcel densa que se llama materia. No marca el final, ya que atraviesa el umbral de la muerte para comenzar a vivir”, se había anticipado Press, unos años antes del final, cuando La Voz le consultó si temía a la muerte.

 

Los que lo conocieron. “Sin dudas que era un gran tipo. Polémico, por supuesto, pero un fundamentalista de sus ideas y sus creencias”, cuenta Albero del Cura, un corredor inmobiliario y dirigente radical que lo conoció cuando empezó como lavacopas en el viejo restaurante El Dorado, sobre avenida San Martín.

La historia de Jaime Press es la de un dueño de una casa de regionales a la que un día una voz interna le dijo que tenía que desprenderse de todo y retirarse a la montaña.

“Era una voz sin sonido, fue un mensaje transmitido por ondas telepáticas directas a mi glándula pineal, de los extraterrestres como mensajeros de Dios. Me despertaron los chackras, el tercer ojo, el sexto sentido y la visión”, contó en una de las últimas entrevistas que concedió antes de su muerte.

Tres años después de permanecer en una humilde casa de las sierras cordobesas, Press volvió decidido a emprender una tarea tan controversial como multitudinaria.

“La historia de Jaime es la de la explosión turística de Carlos Paz”, cuenta Del Cura.

Hasta su consultorio de la calle Roque Saenz Peña llegaban miles de personas que a diario arribaban desde los cuatro puntos cardinales del país. Las estadísticas señalan que en sus años dorados llegó a atender una persona por minuto de 9 a 12 y de 15 a 20hs y que los hoteles de Carlos Paz colmaban sus plazas, aun cuando el verano asomaba muy lejos en el horizonte.

“Jamás cobró. Nunca le vi pedir dinero”, asegura Del Cura, que no tuvo éxito cuando fue armonizado por su amigo, pero si lo vio a través de su padre.

“A mi no me ayudó porque yo no creía en nada y él me lo decía”, se acuerda.

 

Un armonizador. “No nos guía el fin material, político o religioso.  Unicamente aliviar la tribulación de nuestros semejantes mediante la ayuda espiritual. Hacer el bien por el bien mismo.  Nuestra obra está inspirada en los más puros postulados de humanidad y fraternidad, es absolutamente gratuita, y le rogamos no ofrecer dinero”, era el escrito que recibía cada uno de las personas que golpeaba al a puerta de su consultorio, en el ingreso a Carlos Paz.

Por esta tarea, comenzó a ser perseguido por el Consejo Médico de Córdoba, que en 12 oportunidades logró su detención acusándolo de ejercicio ilegal de la medicina.

Sus allegados aseguran que se había desprendido de todo bien material, a tal punto que todos los días comía en restaurantes de amigos porque en su casa no había mucho más que libros y una estufa para el invierno.

“Murió en el olvido. Incluso en el olvido de mucha gente que abusó de sus servicios y de su fe”, recuerda Isidro Paz, uno de los periodistas de Carlos Paz que más documentos tiene de la labor de Press.

“Uno puede contar y narrar lo que hacía, pero había que verlo y estar ahí”, señala.

Compartir

Últimas Noticias