Alejandra Durán, la carlospacense que contó su historia al presidente Correa

La vida de Alejandra Fernández de Durán cambió para siempre desde aquel fatídico 5 de junio de 2002. Su hijo Ian, de apenas 15 años, era ultimado de un balazo horas antes de declarar en el marco de una causa que prometía sacar a la luz las oscuras relaciones que tejía el tráfico de drogas en Carlos Paz y Punilla.

Ian Durán era un testigo clave porque conocía con lujo de detalle cómo se había dado el crimen de Pablo Jossen, ocurrido tres meses antes en el hotel Enrimar de Carlos Paz. La Justicia diría, diez años más tarde, que Jossen murió en ocasión de robo, cuando un grupo de delincuentes se enteró de la supuesta venta de un vehículo y terminó matándolo en el intento por llevarse el dinero.

Aquel dictamen conformó sólo a la familia de la víctima. Los que siguieron la causa de cerca aseguran que hay pruebas suficientes como para certificar que Jossen fue blanco de un ajuste de cuentas narco.

Mientras algunos de los responsables por el crimen de Ian ya comenzaban su condena en la cárcel, entre ellos, Alejandro García, sindicado como partícipe necesario del asesinato, Alejandra inició una carrera de investigación criminalística. No la hizo en los claustros universitarios, sino desde la consulta a especialistas.

El crimen de su hijo la llevó a descubrir cómo se movía el mundo de las drogas en Córdoba. Conoció a los dealers que la reparten, a los jefes que la negocian, a los policías que liberan los circuitos de la venta y a los adictos que son cooptados como sicarios a cambio de una pila de billetes o una bolsa de cocaína.

En diez años recorrió el mundo y llegó a viajar a Israel, para participar de los cursos especializados que brinda una de las Policías con mejores antecedentes en la lucha contra el narcotráfico organizado. En una década llegó, incluso, a perdonar a José Flores, sindicado como el autor material del crimen de Ian.

“Antes de entender pasó lo que pasó con Ian, tuve que aprender a perdonar. A darme cuenta que el chico que mató a mi hijo era, en realidad, la víctima de un sistema que lo llevó a apretar el gatillo”, cuenta a Crónicas del Día.

Pero su carrera en busca de la verdad le dio en enero de este año un título que no esperaba. Junto a Wanda Sandoval, una mendocina de Malargüe, acudieron a Ecuador para brindar una charla sobre Seguridad Ciudadana ante el ministro de Inteligencia de aquel país.

 

Relato y emoción. Alejandra contó, una vez más, el trágico desenlace de su hijo y la historia que la llevó a recorrer el mundo en busca de herramientas que le permitieran entender lo que había sucedido.

El funcionario les pidió que aguardaran mientras culminaba en el Palacio Presidencial Carondelet un acto protocolar que estaba llegando a su fin. La intención era presentarles al presidente ecuatoriano Rafael Correa.

“Cuéntame por favor lo que pasó en Córdoba”, fue una de las primeras frases que soltó Correa, cuando saludó a Alejandra Durán.

“Yo no podía parar de llorar de la emoción. Además, estaba muy sorprendida por el conocimiento que Correa tenía de todo lo que había ocurrido en Córdoba y de los últimos sucesos con la Policía”, cuenta.

De aquella visita, Alejandra se trajo la foto protocolar y una medalla.

“Correa me dijo que es para la tumba de Ian”, se emociona.

"Lo tomo como un paso más en mi carrera de aprendizaje. Son muchos años de viajar y de aprender y este es un paso importante", reconoce.

Alejandra no sólo luchó por la causa de Ian, sino que además se volvió una referente en Córdoba en la lucha para desenmascarar las redes que fue tejiendo el negocio narco en la provincia.

Foto: Alejandra Durán, a la izquierda de la imagen

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