Así operan los secuestradores virtuales

Jorge Espinosa se subió al auto en medio de una crisis de nervios, decidido a desembolsar el pago. Llevaba 20 mil pesos para liberar a su hijo, Marcelo, supuestamente secuestrado por una banda que amenazaba con “hacerlo mierda”.

El lugar del intercambio iba a ser una esquina de la ciudad de Córdoba y debía ser de inmediato. La vida de Marcelo y los minutos que corrían atentaban contra la paciencia de los presuntos secuestradores. Una situación inesperada, cuando hacía apenas dos horas Jorge sólo pensaba en la mejor manera de aprovechar el fin de semana largo a través de su negocio inmobiliario.

Fue su secretaría la primera en alertarlo. Un supuesto llamado de la Policía advertía que el hijo del empresario había sufrido un grave accidente sobre Ruta 38 y pedían la presencia inmediata de sus familiares. Cuando Jorge creyó el engañó y entró en shock, enseguida se escuchó la voz amenazante y el típico cambio brusco de la estrategia que supone todo intento de secuestro virtual.

"Cuando yo les pregunté cómo estaba mi hijo, me dijeron que esperara y apareció una voz que decía: 'Papá ayudame, ayudame'", contó Jorge.

En realidad, la voz de fondo no era la de Marcelo, pero resultaba difícil distinguirla en medio del ruido ambiente, ocasionado intencionalmente para que la víctima no sospeche.

"Me dijeron: `La puta que te parió, tengo secuestrado a tu hijo, lo voy a hacer mierda, dame un celular y no lo apagues`".

La estrategia nunca cambia. En medio de una crisis nerviosa, la víctima responde a todos los pedidos del otro lado del teléfono. A Jorge le exigieron dos cargas virtuales de 100 pesos a dos celulares y después una suma de 20 mil pesos, que debían ser entregados en Córdoba a cambio a su hijo.

Mientras tanto, desde la oficina de la inmobiliaria, los empleados lograron contactar a Marcelo. La respuesta fue tranquilizante: ni había tenido un accidente ni había sido secuestrado. Marcelo estaba en perfectas condiciones y no terminaba de entender lo que sucedía.

A esta altura, Jorge había cargado nafta y estaba camino a Córdoba, dispuesto a realizar el intercambio. Pero cerca de Fuerza Aérea lo detuvo un control policial. Los oficiales le preguntaron adónde se dirigía y primero mintió. “Voy al Allende”, les dijo.

Pero terminó por quebrarse cuando los uniformados le advirtieron que estaban al tanto de la situación, que Marcelo estaba en perfecto estado y que, en realidad, estaba siendo víctima de un secuestro virtual.

 

Tácticas. Los secuestros virtuales no guardan secretos. La metodología es siempre la misma, y sólo está en la capacidad de la víctima de notar la situación la posibilidad de percatarse de lo que ocurre.

“Me dijeron que mis viejos habían sufrido un accidente en la autopista. Que hubo un choque múltiple y que una persona había dado mi número antes de desmayarse”, cuenta Gabriel Bacca Weith.

Como en casi todos los casos, empezó a sospechar. Y más aún cuando exigió precisiones sobre sus familiares y del otro lado sólo llegaban respuestas vagas o equivocadas.

“No me chamuyes”, fue lo último que dijo antes de cortar el teléfono.

Desde un principio, Norma dudó del supuesto comisario que la llamaba para contarle de un múltiple accidente en la Ruta que une Córdoba con Carlos Paz en el que estaba involucrado su familia.

“En ningún momento les creí. Les pregunté la marca del vehículo en el que decían que viajaba mi familia, como para ver qué inventaban, y me dijeron que era un choque múltiple, y que había involucrados al menos diez autos de varias marcas y modelos”, cuenta.

 

“No llamamos”. “La Policía nunca llama por teléfono, siempre va personalmente al domicilio”, advierte Gustavo Godoy, jefe de Policía de Punilla.

En las oficinas de Saavedra y San Martín reciben decenas de denuncias semanales de hombres y mujeres que reportan este tipo de engaños.

“Suelen ir por sectores. En algún momento fue Tanti, después Cosquín, Carlos Paz”, agrega Godoy.

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