Noel, el joven que regaló nueve vidas en Cuesta Blanca

No es Papá Noel pero no habrá mejores regalos en esta Navidad de los que él le hizo a cuatro familias cordobesas. Aunque para el trabajo se viste con pantalón rojo furioso, no tiene prominente barba blanca ni aspecto de anciano bonachón.  Noel Canceco es un adolescente de apenas 19 años que este domingo se transformó en un héroe tan terrenal como la creciente que amenazó a decenas de turistas que no llegaron a abandonar el río San Antonio antes de que se tornara incontrolable.

Noel es guardavidas desde los 15 años y ayer encarnó la titánica tarea de rescatar a nueve personas arrastradas por la furia del río. Capacitado en Carlos Paz, este verano le tocó Cuesta Blanca, uno de los sitios más complicados cuando el río crece. A medida que la cuenca sube, el cauce se angosta y las crecidas cobran altura y peligrosidad.

“Ni lo pensé, agarré el torpedo (flotador), el botiquín y me tiré al agua”, empieza el relato Noel, que muestra las heridas que le dejó una jornada como nunca antes tuvo.

Primero fue un chiquito de unos 10 años. Los iba agarrando a medida que el río se los traía en medio de una correntada infernal.

“Los agarraba de a uno, de a dos y hasta de a tres y los llevaba a la costa antes de volver a tirarme al agua”, sigue. En la ribera, bomberos recogían a las víctimas y alentaban a los guardavidas para que no cesaran en su labor.

“Los bomberos nos alentaban para que no aflojemos y sigamos rescatando gente. Yo tenía tanta adrenalina que no sentí el cansancio en ningún momento”, cuenta Noel, que en medio de la vorágine se acordó de las exigencias de los cursos de capacitación.

“Muchísimas veces me pregunté y cuestioné porqué nos exigían tanto en los cursos antes del verano y es en estos momentos cuando te das cuenta de la importancia de la preparación física”.

No se acuerda si se arrojó cuatro o cinco veces al agua, como Marcos, otro de los guardavidas que en Cuesta Blanca tuvo su cuota de heroísmo.

“En la última vez, traía a una familia y nos golpeamos contra una piedra por la fuerza del agua. Pero son moretones nomás. No es nada comparado con la satisfacción de haber cumplido con el trabajo”, se emociona.

El relato es el de un joven que tuvo que soportar a temprana edad una situación propia de un veterano de mil crecientes. 

“Creo que me va a dar experiencia y me va a servir para manejar con serenidad otras situaciones que se me presenten en un futuro”, reflexiona.

Para otro relato quedará la negligencia de familias enteras que optaron por desoír las advertencias y luego fueron arrastradas por el río, o la cantidad de chicos alcoholizados que pasan las tardes con botellas de gaseosas improvisadas como enormes vasos de fernet y vino.

“La gente no toma conciencia pero cuando se emborracha pierde toda capacidad de reacción y los reflejos. Hay una persona desaparecida, pero pudo ser peor”, se sincera. 

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