¿Y si los docentes ya no son imprescindibles?

El mundo que conocíamos agoniza, las formas que practicábamos dan sus últimos respiros. Mientras la humanidad busca respiradores mecánicos, el planeta tierra se regenera en tiempo record. La atmósfera nos da aire más puro, todo esto en la misma cantidad de días que duró (según la biblia) el Diluvio Universal. Ésta vez los animales sueltos y nosotros (los otros animales) adentro.

“Lavate las manos” es el mensaje oficial. Siguiendo con las analogías bíblicas… desde que Pilatos la cagó “lavándose las manos”, usamos la frase con más de dos mil años de antigüedad creyendo una vez más, que así vamos a “salvar el mundo” ¿Y si nos limpiamos? ¿Y si nos higienizamos mejor? Mantenernos limpios en vez de lavarnos las manos sería un muy buen comienzo. Ahí entraríamos en sincronía con el planeta, si como es adentro es afuera, si como es arriba es abajo, capaz que de una vez por todas nos alineemos con la expansión espiralada y nuestra fuerta vórterix. Cambiar el foco nos obligaría a dejar de contar muertos y darnos cuenta de los que están vivos… de los que se hacen los vivos.

Si los tenés a tres cuadras, o a cuatrocientos kilómetros es exactamente lo mismo, no podemos abrazar a los viejos. Muchas pantallas, muchas video-conferencias y ahí todos nosotros: “solito, mi alma” Cómo el beso de hiedra venenosa en Batman, el del Rey Midas, o el de Elsa en Frozen estamos, sin poder tocarnos. Hoy el apuro por demostrar el amor que no demostraste antes, puede matar a quiénes amás con solo tocarlos.

Todos en “vivos” de redes sociales, pero ya no tan vivos. Todos pensando qué subir, cuando en realidad tenemos que bajar. Pensar en los que están debajo de nuestros ojos, los que de esta no se contagian (hasta ahora) ¿Cómo vamos a meter de nuevo a la escuela a los chicos? ¿Cómo le explicamos que le vamos a prohibir de nuevo el celular en el aula? ¿Cómo fundamentamos que el baño no tiene jabón ni toalla? ¿Cómo les decimos que desaprendan a los deshaprendidos? ¿Acaso no sería pedirles volver a tallar en piedra una vez inventada la pluma y el papel? ¿Cómo le explicamos? ¿Quiénes van a ser los maestros ahora? Se bancan la cuarentena sin hacer tanto bardo ¿Pensamos que ahora tienen a papá y a mamá en casa? ¿Pensamos que a lo mejor “todo lo que necesitaban” era eso? ¿Cómo vuelven a lo viejo? Ahora que aprenden cuatro veces más. En el tiempo que antes hacían la tarea hacen lo que aprendían en 4 horas de aula con tres recreos de 15 minutos para jugar. Las pantallas nos humanizaron mostrando las ropas y las cocinas que tenemos, no existen argumentos ahora para “uniformarlos”, porque no los igualó lo que llevaban puesto, lo que hizo desaparecer el bulling en un noventa por ciento fue la conectividad y no el blanco del guardapolvo.

¿Dónde nos meteremos los egos los masters, doctores, y licenciados? Si hoy en la primera línea de batalla está el paramédico, el chico de la moto y el repositor de supermercado...

Las prepagas, los seguros, no están gastando la que te cobran por mes y tu plan Premium, te deja en el mismo lugar que una persona en situación de calle, en una cama dentro de un club de barrio (al que no le aportaste más) al que le diste la espalda cuando reclamaba no poder pagar la factura de la luz diciendo: “Acá la pagamos muy barata”. Si esto empeora para alguno de nosotros, por más que tengas el colchón viscoelástico King podés morir en una feta de goma espuma. ¿Viste que no éramos mejores que los otros?¿Viste que Europa, Estados Unidos tampoco eran mejor que nosotros?

En un mes pasamos de no tener tiempo para nada, a que nos sobren horas del día. A que nuestras compras solo sean alimento. A usar dos mudas de ropa, las mismas que elegías si pegabas un vuelito baratito sin equipaje. Porque nos dijeron mil veces que viajemos livianos,   pero lo entendemos ahora cuando no salimos ni a la esquina.

Si no aprovechamos para “meternos adentro” no vamos a entrar en el mundo que nos espera. Así como tampoco vamos a entrar en el jean que dejamos de usar el día uno de la cuarentena. Ese jean que tiene un bolsillito, que era para el reloj de mano. ¿En serio pensamos que el sistema de capital no tiembla? ¿En serio pensamos que todo sigue igual? Antes de la revolución industrial se trabajaba “de sol a sombra” Después las fábricas pusieron el reloj y como no fue suficiente, lo pusieron en el bolsillito del jean de cada trabajador. El control de los horarios dormía en un pliegue de tela dura, que sigue existiendo hasta hoy solo porque nadie se pregunto: ¿Para qué sirve este bolsillo?. Hoy en joguineta y calsas, sin bolsillos, sin poner alarmas para despertarnos. Hoy, en los bolsillos nos ponen “plata” (la misma que usábamos para ganar tiempo de vida) Hoy ganamos el tiempo sin nada de plata. Nos cocinamos, comemos las harinas que nos prohibimos durante años. Todo eso porque tenemos tiempo

¿Vamos a poder disculpar a los egoístas que están haciendo negocios con la muerte? ¿Cómo le va a pedir “que se ponga la camiseta” el empresario que echó a tu compañero? (Si es que no está pensando en echarte a vos)

“¿Qué podemos hacer?” Ir adentro.

Es hora de estar adentro de uno, de casa. Es hora de gastar a la que habías guardado (con suerte en el colchón) El canuto “por si pasaba algo”, porque está pasando algo, y puede que ese “algo” sea que se están acomodando las cosas. También podés gastar la que guardabas para viajar, porque el viaje que tenés que hacer es adentro, donde vive el o la que quería ser astronauta, al viaje de las preguntas, a veces sin respuestas. Esos viajes sin fotos para compartir.

Todos, toditos a dentro a pensar. Ese político que se quedó con el vuelto, ese empresario que evade impuestos, esos que disculpamos porque “roban pero hacen” Todos esos que se cagaron en nosotros hoy son como nosotros. Esos vivos hoy también pueden morir solos en una feta de goma espuma, asfixiados por su avaricia y nuestra negación. Imaginemos si el que muere es un hijo, un padre ¿De qué te sirvió el vueltito que te quedaste? ¿Para qué exprimiste la teta del estado? Nos hacía falta una cama en el hospital no tu foto en el cartel.

Ahora tenemos que #soltar, ahora tenemos que desaprender, ahora tenemos que poner en práctica las frases que compartíamos en Facebook (hace un mes no más) Esas frases que decían cómo teníamos que vivir la vida, que dejamos de compartir porque nos tuvimos que hacer cargo de nuestra vida, de nuestras relaciones, nuestros hijas e hijos.

Ahora tenemos que volver a casa, como vuelven los delfines, las tortugas, los pececitos. Ahora tenemos que aclarar el agua revuelta en la cabeza como pasó en Venecia. Eso de que somos 80% agua ahora vale el doble. Ahora tenemos que limpiarnos de mandatos, así como limpiaste tu casa y tu placard. Como es adentro es afuera ¿Te acordás?

Cuando vienen las crecientes en las sierras, todos sabemos que si te agarra adentro, aferrarte a la piedra te puede matar, tranquilizarse y hacer la plancha te puede dejar en otro lugar y vivo. Nos es más que aceptar, es ahora, con la pandemia murieron los maestros y somos bienvenidos los que no encajamos, los que decimos otras cosas. Menos políticos y más creadores, el mundo cambió y nosotros no. Y si algo aprendí del Tetris es que cuando las cosas encajan, desaparecen.

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