Ni "barats" ni víctimas

*Por Gastón Rossetti

Una picada para cuatro personas, chopp, un vaso de fernet y un ticket de 3.400 pesos. La polémica se encendió esta semana, una vez más en pleno verano, por los precios que manejan algunos locales gastronómicos en Carlos Paz, especialmente en el centro. Locales que se presumen populares, con precios accesibles para la gran ola de turistas que invade las calles principales, terminan aplicando la vieja lógica de: "la ubicación y el momento del día tiene un costo extra". Si es en el centro y de noche, en plena ebullición de peatones, otra parece ser la tarifa . Al menos esa fue la explicación que intentó en las redes sociales la dueña del local que quedó envuelto en la polémica. 

Y esa lógica empresarial, mucho más arraigada a la costa atlántica que a las sierras cordobesas, comenzó a instalarse por estos pagos desde hace ya algunas temporadas. Basta con pedir el mismo café en un bar céntrico a la mañana y repetirlo a la noche, para notar que el precio se incrementa ostensiblemente en algunos casos ¿Por qué? Hay argumentos de todo tipo, tán válidos como cuestionables. Que el lugar y el momento del día tienen un plus, que la demanda por la noche es infinitamente superior a la del día, y por lo tanto, ocupar una mesa de noche tiene otro costo (la vieja ley de la oferta y la demanda), desalentar el consumo mínimo cuando entre la marea de turistas podría ocuparse la misma mesa con un gasto superior...etc.
Pero las excusas empresariales, de comerciantes que dentro de las normas buscan obtener el mayor rédito posible, no esgrimen de responsabilidad a los consumidores, verdaderos dueños de su voluntad y decisión de comer donde quieran y al precio que mejor les siente. Si el lugar es caro, se opta por otro. Si en la zona no hay mejores opciones, se intenta más lejos. Ordenar sin ver la carta ni consultar siquiera los precios conlleva sus riesgos, y uno de ellos es pagar 3.400 pesos una picada con cervezas y fernet.
Esta semana, la Asociación Hotelera buscó calmar las aguas. Pidió al municipio que regule la actividad en los bares, controlando que cuenten con cartas a diposición del cliente. Una medida de control utópica en una ciudad que en verano a duras penas si puede controlar el enorme flujo vehicular. Pensar en inspectores municipales recorriendo cada uno de los cientos de locales gastronómicos de Carlos Paz no suena sensato ni acertado. Cada emprendimiento debería responsabilizarse de brindar el mejor servicio. 
Tampoco fue acertado el descargo en redes sociales de la dueña del bar en cuestión. Tratar de "barats" a sus clientes (un término popularizado por Alex Cannigia para referirse a las personas de bajos recursos económicos) muestra el lado más hipócrita de un empresario, que además presume no interesarse por las críticas y de estar organizando sus vacaciones de marzo. Denostar a los que lo eligieron resulta aún más grave que el precio de un picada.

 Foto: Ilustrativa

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