Capilla de Buffo: un templo al amor

A pocos kilómetros del centro de Unquillo, se iza el templo que Guido Buffo construyó inspirado por el amor a su esposa Leonor Allende y a su hija Eleonora. El campamento de Villa Leonor también levantado gracias a esta motivación particular, hoy reabre sus puertas con el programa Ecocultural del Ministerio de Desarrollo Social, y promete volver a ser un lugar de encuentros, experiencias personales y contacto con la naturaleza.

Abriéndose paso entre la vegetación, se desanda un improvisado camino que requiere de aventurados conductores para sortear los baches que se van presentando, y que no permiten quitar la vista del suelo. Algo que resulta inevitable cuando a la vera del sendero se imponen los centenarios eucaliptos. Regado por un otoño anaranjado, el suelo se tiñe con el color del sol gracias a las hojas que caen sin prisa.

Un audaz potrillo, seguido bien de cerca por la mirada de su madre, nos hace disminuir la velocidad del andar, al cruzarse crédulo ante nuestro paso por la calzada. Es dilatado el llegar, más aun cuando las expectativas son tantas. Pero el tedio de la espera es aminorado por la belleza del entorno. Comenzando el descenso de una cuesta, allá, a lo lejos, sobresaliendo entre los árboles, se impone inmaculado el templo que tanto buscábamos.

Nada nos detiene, aceleramos la marcha ansiosos de poder descubrir qué atesoran esos muros. Un vado natural nos separa de aquella vieja construcción. Nos aventuramos a cruzarlo, sorteando algunas piedras sueltas y resbalosas por la acción del verdín, hasta que al fin nos situamos del otro lado del arroyo helado.

Con los ojos grandes y el corazón latiendo fuerte, el arte de Don Guido Buffo nos invita al ascenso de los 35 escalones que llevan a la puerta de entrada. Cada peldaño llama a la reflexión, a desandarlos con respeto y lentitud, pues nunca más será la primera vez. El rechinar de la puerta de madera en forma ojival abre paso a un sinfín de sensaciones y de reacciones energéticas que nos cautivarán por el resto del recorrido. Sólo quien ingrese al lugar, podrá experimentar lo que resulta indescriptible a partir de aquí.

Aquí se alza un templo. A pocos kilómetros del centro de Unquillo, se iza el templo que Guido Buffo construyó inspirado por el amor a su esposa Leonor Allende y a su hija Eleonora. El predio resulta atrapante desde los primeros metros. El campamento de Villa Leonor, que fue construido también producto de ese mismo amor, hoy reabre sus puertas con el programa Ecocultural del Ministerio de Desarrollo Social. Con plaza para 70 personas, y una superficie de 50 hectáreas, el lugar promete volver a ser un cúmulo de encuentros, experiencias personales y contacto con la naturaleza.

Buffo y el arte. La fachada principal de la capilla muestra una cúpula ojival, acompañada por una columna lateral que le otorga un diseño muy particular. Una escalera que circunda la estructura, permite ascender hasta lo más alto de la cúpula pudiendo observar las ventanas también circulares, similares a un ojo de buey, que se encuentran en la cúspide y que permiten el ingreso de la luz del sol.

Guido Buffo utilizaba la rayos solares buscando distintos efectos lumínicos relacionados con la hora y el día del año. Las pinturas que se encuentran dentro de la capilla, datan de la misma época de la construcción y la excelencia de sus trazos ha sido reconocida como única por expertos de todo el mundo.

Las burbujas ilustradas, son un estilo particular que predomina en los frescos Buffo: ellas son una metáfora de la fragilidad y fugacidad de la vida, de la imposibilidad de conservarla entre las manos, y de cómo se la contemplar con suavidad. Buffo retrató a su esposa y a su hija, y tras la temprana muerte de ambas, hubo otras figuras femeninas que posaron para él.

Buffo y la ciencia. Dentro de la capilla, Guido Buffo realizó estudios geosísmicos que en aquella época escaseaban en el mundo. En el lugar, colocó tres péndulos, inspirado en la instalación del Péndulo de Foucault en el Panteón de París, de la que había participado. Las variaciones que se generaban en el movimiento de estos mecanismos, le proporcionaban información sobre los repentinos cambios en la Tierra. Allí logró predecir sismos con hasta 36 horas de anticipación.

Otro efecto curioso que se puede vivenciar en el lugar, es la acústica que hay dentro del edificio. El fenómeno sonoro que se produce, impacta a cualquiera que se posicione en el centro y emita cualquier tipo de sonido. La reverberación y la claridad con la que se reproducen las tonalidades solo se pueden apreciar aquí, debido al formato edilicio.

Buffo y su legado. “Inspirado por el afecto paterno más puro y desinteresado, he decidido, que todo el valle; conjuntamente con lo que en él se halla edificado, lo obsequiaré en memoria de Leonor; madre e hija”.

Guido Buffo dejó un legado que va más allá de todos los estudios que él realizaba. El mensaje principal rompió con los esquemas de dejar sentadas sólo las bases de un conocimiento científico. El objeto de su legado fue despojarse de bienes materiales, para que el común de las personas pueda tener la oportunidad de sentir como propio el lugar maravilloso en el que se encuentra esta Colonia.

Buffo fue un claro ejemplo de que ningún objeto material nos hace felices si no tenemos la posibilidad de compartirlos con alguien más. Que la acumulación de pertenencias sólo nos brinda una satisfacción obsoleta, y que nada se compara con la alegría que nos dejan las experiencias y saberes que acumulamos día a día, gracias a la curiosidad y la pasión.

A través del programa Ecocultural del Ministerio de Desarrollo Social, grupos scouts del país, y estudiantes de colegios cordobeses, podrán vivir una experiencia grupal, gratuita y única en el lugar, haciendo un uso responsable y a conciencia del patrimonio que nos pertenece a todos, y que debemos cuidar como propio.

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